domingo, 8 de diciembre de 2024

Science sacreé


Science sacreé es una revista de estudios tradicionales reservada a todas las expresiones de la tradición perpetua y unánime. Bajo la autoridad de la enseñanza de René Guénon, ella sigue igualmente las prolongaciones doctrinales y las aplicaciones de la obra guenoniana según la orientación espiritual de Michel Vâlsan (Sayh Mustafa 'Abd al-'Azîz en Islam), el fundador reconocido de los estudios Occidentales sobre Muhy-d-dîn Ibn 'Arabî, el más grande Maestro del esoterismo islámico.

Deseando actualizar la obra de Michel Vâlsan y permitiendo igualmente una mejor comprensión de su función, Science sacreé ofrece hoy en día acceso sus escritos, publicados inicialmente en la revista Estudios Tradicionales - o inéditos algunos -, los que han circulado hasta no hace mucho solamente en círculos muy restringidos, encontrándose las publicaciones más tardías de Éditions de l'Oeuvre casi todas agotadas.

Fundada en el 2001 por Muhammad Vâlsan, Science sacreé retoma su actividad editorial, bajo nuevas modalidades, en esta fecha del 16 de febrero del 2011, correspondiente al Maulid an-Nabî 1432, diez años después de su primera publicación. Deseando una mejor difusión, ella hace hoy en día un llamado al soporte del internet el cual gracias a la puesta en línea de los archivos de la revista, permitirá el acceso a ciertos artículos de los números hoy en día agotados pero que se encuentran en proceso de reedición.

Los trabajos que desea elaborar la revista tienen por vocación mostrar un proceso intelectual puro que de cuenta de los principios metafísicos que se expresan a través de las diferentes formas particulares de las cuales se reviste la Tradición primordial para difundir su ciencia y su sabiduría universal.

http://www.sciencesacree.com



martes, 15 de agosto de 2017

Waed Bouhassoun


Shankha, la concha que contiene el Veda

Durante el cataclismo que separa este Manvántara del precedente, el Veda estaba encerrado, en estado de repliegue, en la concha (shankha)que es uno de los principales atributos de Vishnu. Pues la concha se considera como el continente del sonido primordial e imperecedero (ákshara)es decir, del monosílabo Om, que es por excelencia el nombre del Verbo manifestado en los tres mundos, y a la vez, por otra correspondencia de sus tres elementos sonoros o mâtrâ, la esencia del triple Veda. Por otra parte, estos tres elementos, reducidos a sus formas geométricas esenciales y dispuestos gráficamente de determinada manera, forman el esquema mismo de la concha; y, por una concordancia muy singular, ocurre que este esquema es también el de la oreja humana, órgano de la audición, la cual debe, en efecto, si ha de ser apta para la percepción del sonido, tener una disposición conforme a la naturaleza de éste. Todo esto toca visiblemente algunos de los más profundos misterios de la cosmología [...]


Matsya-avatara

[...] en la India, la manifestación en forma de pez (Matsya-avatâra) se considera como la primera de todas las manifestaciones de Vishnu, la que se sitúa al comienzo mismo del ciclo actual, y por lo tanto en relación inmediata con el punto de partida de la Tradición primordial. No ha de olvidarse a este respecto que Vishnu representa el Principio divino considerado especialmente en su aspecto de conservador del mundo; este papel está muy próximo al del “Salvador”, o, más bien, éste es como un caso particular de aquél; y verdaderamente como “Salvador” aparece Vishnu en algunas de sus manifestaciones, correspondientes a fases críticas de la historia del mundo.

En figura de pez, Vishnu, al final del Manvántara que precede al nuestro, se aparece a Satyávrata, que, con el nombre de Vaiváswata, será el Manu o Legislador del ciclo actual. El dios le anuncia que el mundo va a ser destruido por las aguas, y le ordena construir el arca en la cual deberán encerrarse los gérmenes del mundo futuro; luego, siempre en forma de pez, guía él mismo el arca sobre las aguas durante el cataclismo; y esta representación del arca conducida por el pez divino es tanto más notable cuanto que se encuentra su equivalente en el simbolismo cristiano.

Hay aún, en el Matsya-avatâra, otro aspecto que debe retener particularmente nuestra atención: después del cataclismo, o sea al comienzo mismo del presente Manvántara, él aporta a los hombres el Veda, que ha de entenderse, según la significación etimológica de la palabra (derivada de la raíz vid-, ‘saber’), como la Ciencia por excelencia o el Conocimiento sagrado en su integridad: es ésta una de las más netas alusiones a la Revelación primordial, o al origen “no humano” de la Tradición. 

Se dice que el Veda subsiste perpetuamente, siendo en sí mismo anterior a todos los mundos; pero está en cierto modo escondido o encerrado durante los cataclismos cósmicos que separan los diferentes ciclos, y debe luego ser manifestado nuevamente. La afirmación de la perpetuidad del Veda está, por otra parte, en relación directa con la teoría cosmológica de la primordialidad del sonido entre las cualidades sensibles (como cualidad propia del Éter, Ákâça, que es el primero de los elementos); y esta teoría no es en el fondo otra cosa sino la que otras tradiciones expresan al hablar de la creación por el Verbo: el sonido primordial es esa Palabra divina por la cual, según el primer capítulo del Génesis hebreo, han sido hechas todas las cosas. Por eso se dice que los Rshi o Sabios de las primeras edades han “oído” el Veda: la Revelación, siendo obra del Verbo, como la creación misma, es propiamente una “audición” para aquel que la recibe; y el término que la designa es Çruti, que significa literalmente “lo oído”.






viernes, 5 de agosto de 2016

F. Ossendowski - Bestias, Hombres y Dioses


En esta sabiduría el viejo Mongol, pastor simple y tosco, me habló.

Mongolia, con sus montañas peladas y terribles, sus llanuras ilimitadas, sembradas por los huesos esparcidos de los antepasados, dio nacimiento al Misterio. Su pueblo, asustado por las tormentosas pasiones de la Naturaleza o arrullado por su paz cadavérica, siente su misterio, y los 'Lamas Rojos y Amarillos', lo preservan y poetizan. Los pontífices de Urga y Lhassa conocen y poseen su misterio.

En mi viaje a Asia Central vine a conocer por primera vez "el Misterio de Misterios", que no puedo llamar por otro nombre. Al principio no le presté mucha atención ni le concedí la importancia que más tarde me di cuenta que tenía, cuando hube analizado y comparado muchas pruebas esporádicas, vagas y con frecuencia sujetas a controversia...

"¿Ha visto alguien al Rey del Mundo?" - pregunté.

"¡Oh, sí! contestó el Lama. "Durante las fiestas solemnes del Budismo primitivo en Siam y la India, el Rey del Mundo apareció cinco veces. Ocupaba una carroza magnífica tirada por elefantes blancos, engalanados con finísimas telas cuajadas de oro y pedrería; iba vestido con un manto blanco y una tiara roja, de la que pendían hilos de brillantes que le tapaban la cara. Bendecía al pueblo con una manzana de oro que tenía sobre ella la figura del Cordero..."

"¿Cuántas personas lo han visto?" - le pregunté.

"Muchas" - contestó él Lama -, "pero todas han guardado secreto de lo que vieron allí. Cuando los Olets destruyeron Lhassa, uno de sus destacamentos, recorrieron las montañas del Sudoeste, penetrando en los alrededores de Agharti. Allí aprendieron algunas ciencias menos misteriosas y las trajeron a la superficie de nuestra Tierra. Esta es la razón de porqué los Olets y los Kalmukos son magos y profetas tan hábiles. También desde la region oriental algunas tribus de raza negra penetraron en Agharti y allí vivieron varios siglos. Más tarde fueron expulsados del reino y regresaron a la tierra, trayendo con ellos él misterios de las predicciones a través de los naipes, las hierbas y las líneas de palma de la mano. Son los Gitanos... En algún lugar, en el norte de Asia, existe una tribu en vías de desaparecer que vino de la caverna de Agharti, hábiles en llamar a las almas de los muertos cuando flotan en el aire"

lunes, 1 de agosto de 2016

El Sayh 'Abd al-'Azîz ad-Dabbâgh y la lengua Sûryâniyya


"En el esoterismo islamico, un sufí marroquí que vivió en Fès a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, el Sayh 'Abd al-'Azîz ad-Dabbâgh, ha dicho que las «Gentes de la Asamblea» (Ahl al-Diwan), es decir los iniciados musulmanes que han alcanzado el grado del "estado primordial", grado que les permite pertenecer eventualmente a esta «Asamblea iniciatica», abandonan la lengua sagrada de su tradición, la lengua arabe, para comunicarse mediante la lengua Sûryâniyya, la «lengua solar» o «lengua universal» de la Tradición primordial. Esta lengua «solar », que es la lengua sagrada del Centro Supremo, o del «Paraíso Terrestre» si se quiere, es calificada simbólicamente de «adamica». Ella no es ni una suerte de vestigio fragmentario de una civilización desaparecida que habría sobrevivido por intermediario de los Árabes, ni evidentemente una invención pura y simple.

El Sayh 'Abd al-'Azîz ad-Dabbagh, que ha relatado de manera detallada su propia realización del «estado primordial» formando parte él mismo de la «Gente de la Asamblea»,  conocía directamente esta lengua «solar». Sus explicaciones orales sobre la lengua primordial como una que «fluye en todas las lenguas del mismo modo como la savia fluye por los tejidos de un árbol» y de la cual «una de las primeras lenguas que se derivan es la lengua de la India», han sido consignadas por su discípulo Ahmad Ibn al-Mubarâk en un manuscrito titulado kitâb adh-Dhahab al-Ibriz min Kalam sayyidi 'Abd al 'Azîz (El libro del Oro nativo proveniente de la palabra del maestro 'Abd al-Azîz) que se encuentra hoy en día disponible en forma impresa y traducida al francés bajado el título Paroles d'or Kitâb al-Ibrîz".

Nagore Saint's

Músicos de origen indio-musulman que siguen la tradición sufí (tasawwuf) pertenecientes al estado de Tamil Nadu, al sur-este de la India. Las letras son una mezcla del idioma local tamil junto con el árabe y el estilo de música que interpretan es el Qawwali.


domingo, 31 de julio de 2016

El "Sello" de los Profetas (Khātam al-nabiyyīn)



"Entre los bienes de este mundo, las cosas que más amo son:
Las MUJERES,
Los PERFUMES y
-el frescor de mis ojos- la ORACIÓN"

martes, 24 de marzo de 2015

René Guénon en el pensamiento de Antonin Artaud

Habiendo sido un gran lector del poeta y « metafísico del teatro » Antonin Artaud en mis épocas previas al descubrimiento de la Tradición, me alegra mucho que poco a poco se vaya descubriendo la profunda  influencia que tuvo en él la monumental obra de René Guénon. Como lo demuestra la autora Francoise Bonardel en su libro "Antonin Artaud o la fidelidad al infinito" y lo ratifica en este pequeño fragmento de la entrevista que muestro, Antonin Artaud no fue moderno ni mucho menos vanguardista o post-moderno sino más bien un anti-moderno que no logró asimilar correctamente los principios de la Tradición perpetua y unánime y que por ello mismo terminó "quemado" en su contacto e interacción con los influjos de la modernidad.

En el segundo fragmento de la misma entrevista, la autora menciona a otro de mis autores predilectos previos al descubrimiento de la Tradición, el francés George Bataille, pero esta vez para negar categóricamente cualquier tipo de acercamiento y afinidad intelectual que algunos han querido ver entre éste y la obra de Antonin Artaud. Mientras que Artaud tenía un respeto por lo sagrado que se trasluce claramente en el conjunto de su obra, Bataille en cambio se vanaglorea y elabora todo su sistema filosófico en torno a su transgresión y profanación. Como la autora los precisa, mientras que Bataille busca la transgresión, Artaud en cambio busca la transmutación.

Entre estos dos autores, no me cabe duda que en la actualidad siento muchísima más simpatía por la obra de Artaud que por la de Bataille, ya que efectivamente aquel "suicidado por la sociedad" fue un hombre de espíritu tradicional que lamentablemente no supo superar sus propios demonios y terminó siendo víctima de ellos. En el el erotómano Bataille , en cambio, no encuentro ningún ápice de nobleza tradicional que me haga añorar su obra profana.

La entrevista se encuentra en francés.  
 



domingo, 22 de febrero de 2015

Témoudijin, Gengis Khan


"El estandarte de Gengis Khan, cuyo nombre es un pseudónimo iniciático (su nombre de nacimiento es Témoudijin, que corresponde en la forma mongol a lo que se entiende en sánscrito por Chakravarti: El Señor de la Rueda, "aquel que hace girar la rueda", el Monarca Universal) simbolizaba la presencia en él de eso que los Musulmanes llaman la Baraka y los Israelitas la Shekina. Este estandarte estaba decorado del símbolo de la esvástica. De otro lado, los Mongoles, según los textos semíticos, son hijos de Japhet."

Jean Camels

"...En cuanto al propio Tamerlán y a Gengis Khan, ciertamente no se equivoca usted al ver en ellos unas manifestaciones (no decimos encarnaciones) del "rigor"… Otro caso muy singular, en el mismo orden de ideas, es el del califa El-Hakim bi-Amri'llah, que fue un espantoso tirano, y a quien los drusos consideran una manifestación divina. Hay evidentemente en todo esto algo relacionado con un aspecto "destructivo" que se encuentra asimismo, en la India, ligado con ciertas formas shivaítas y tántricas. Todo esto es seguramente bien difícil de explicar de una manera completamente clara; y, para decir algo preciso desde el punto de vista histórico, habría que emprender unas investigaciones que ciertamente no carecerían de interés, pero que exigirían mucho tiempo…"

Carta de René Guénon dirigida al rumano Vasile Lovinescu


domingo, 28 de diciembre de 2014

Mongolia, Gengis Khan y el Preste Juan



Algunos autores ven en Gengis Khan una encarnación de la "función" del Preste Juan. La publicación de la versión hebraica de la Carta del Preste Juan confirma de manera decisiva lo que René Guénon había ya bien visto: el título de "Preste Juan" correspondía a una función , y no a un personaje determinado. "Preste Juan no era sólamente un título honorífico sino más bien una función, aquella de jefe espiritual y termporal de los cristianos de Santo Thomas (Nestorianos). En efecto, en esta versión de la "falsa carta" cuyo sentido era dirigirse al Papa, leemos esta invitación: "Si desea venir a nuestra región luego de nuestra muerte, será conveniente que lo conviertan en Preste Juan".

El "Preste Juan" de la época de Gengis Khan era en realidad el Khan de los Kéraites nestorianos, To`oril Khan, quien había sido Señor y Jefe supremo de Borjign, el príncipe de los Mongoles padre de Tamujin, quien devendrá más tarde Gengis Khan. To`oril Khan, quien había sido nombrado Ong Khan por las personas de las estepas, devino el padre adoptivo de Tamujin. Ong Khan ne fue sin embargo el único a ser reconocido como "Preste Juan": hanía sido ya el caso del príncipe Ye-Liu Ta Shih (entre 1130-1142) de la dinastía Liao de origen mongol. Este personaje, de alto valor intelectual y moral al mismo tiempo que guerrero extraordinario, logró crearse, en Asia central, el imperio de Qara Khitay y hacerse reconocido como "Gur Khan", quiere decir "Rey del mundo". Su victoria contra los Turcos Seldjoukides fue resentida como una catastrofe en todo el mundo musulmán; pero su imperio contaba un buen número de cristianos nestorianos, en Asia central y en la Indias.

Según René Guénon, "se dice también que Gengis Khan quizo atacar el reino del Preste Juan, pero que éste lo rechazó desatando un rayo contra sus ejercitos. En fin, desde la época de las invasiones musulmanas, el preste Juan habría cesado de manifestarse, y sería representado exteriormente por el Dalai Lama". Precisa más arriva que, según la versión del cuento del Grial de Wolfram von Eschenbach, "el Grial fue finalmente transportado al "reino del preste Juan", que algunos han querido precisamente asimilar a Mongolia, bien que por otro lado ninguna localización geográfica pueda acá ser aceptada literalmente".

Según Ossendowski, el anillo de rubíes adornado con la esvástica de Gengis Khan fue envíado por Kublai Khan al Dalai Lama en recompensa por el milagro realizado por el Lama Turjo Gamba, y luego fue el Bogdo Khan (o Bogdo Gheghen, conocido como "Buda viviente", el representante de la línea ininterrumpida de soberanos espirituales que se transmiten el espíritu de Buda Amitabha) de Mongolia quien lo guarda. Guénon nos recuerda que le Bogdo Khan representa la fuerza material y guerrera de Buda.           

Alexandre de Dánann - Los secretos de la Tara Blanca, cartas de un Lama Occidental a Jean Reyor

Etiopía y el Centro del Mundo


En una carta de Rene Guenon dirigida a Vasile Lovinescu, del Cairo, el 27 de enero de 1936, dice lo siguiente: "En cuanto a Italia, ella ataca actualmente a un pais que es la sede de un muy antiguo centro espiritual; por otro lado es quizá por eso que Inglaterra querría disputárselo!" En una carta posterior al mismo corresponsal, precisa: "Lo que quería decir a propósito del centro espiritual de Abissinia, es que algunos pueden tener interés, no solamente en destruir aquello que aún existe, sino también en ocupar el punto mismo en donde se encuentra localizado, ya que la ubicación de los lugares tiene una importancia por si misma."

En una carta de fecha 29 de setiembre 1948, dirigida a Jean Tourniac, René Guénon se expresaba de la siguiente manera: "Ha habido seguramente en la Iglesia de Etiopía también una tradición esotérica, pero parece que ahora se encuentra en posesión solamente de unos cuanos monjes que viven en un convento vecino del Mar Rojo y que se rehusan absolutamente a admitir a quién sea entre ellos, de tal suerte que ella se exitinguirá con el último de ellos..." Guenon se dirige también a Clavelle hablando de "(...) algunos monasterios coptos en donde no reciben más a nadie, si bien solamente se encuentran ahí algunos monjes muy mayores, que mueren los unos tras los otros sin ser remplazados (...)" (Carta del 11 de noviembre 1933)

Se dice también que Etiopía era la seda de un "Preste Juan": su existencia es efectivamente confirmada por el encuentro del médico Philippe, familiar del papa Alexander III, con personajes de su reino un poco antes del 1177. Se decían del pais del "Rey de los Indios", un rey cristiano que el pueblo llamaba "Preste Juan". Podríamos preguntarnos cómo un Preste Juan de etiopía habría podido ser reconocido en la India; investigaciones han demostrado la existencia de una ruta marítima directa que uniría la India del Sur y la Etiopía a partir del siglo I de nuestra era, y que continúa existiendo inclusive despues de la expansión del Islam (Ver : Suniti Kumar Chatterji, India and Ethiopía from the 7th c. B.C.)

Este Preste Juan de ethiopía fue también identificado a un personaje histórico: Yimrehan-Kristos, el primer santo de la línea de reyes Zagwes. Mas tarde, en el siglo XV, el príncipe de Portugal Dom Henrique, llamado Henri el Navegador, quien era el gobernador de la Orden del Templo (sobrevivió bajo el nombre de la Orden de Cristo), busca restablecer el contacto con el "Centro del Mundo" y por ende con la Tradición Primordial, pero fue desilusionado de sus aspiraciones.

Para los Templarios, en efecto, había razones bien precisas para efectuar una tal investigación, razones ligadas sobretodo al mito de la reina de Saba. Sabemos que los etiopianos hacían de ella el origen de la dinastía de sus reyes; además, la leyenda dinástica etiopía contaba que Ménélik, el hijo que la reina de Saba habría tenido con Salomón, había ido a visitar a su padre a Jerusalem, y que habría regresado trayendo consigo las Tablas de la Ley de Moises. Es así que el emperador de Etiopía podía muy bien ser llamado "rey de reyes": era el "Preste Juan", guardián del reino sacerdotal al que el Grial había sido confiado. Todavía en 1519, los pocos 30 monjes etiopianos instalados en Roma en Santo Stefano dei Mori, daban a creer que el "Preste Juan"era de Etiopía y que los Judíos de su reino eran los Falashas (los negros de la religión judía, del centro de Etiopía del Norte, hoy día en gran parte transplantados en Israel..)  

Alexandre de Dánann - Los secretos de la Tara Blanca, cartas de un Lama Occidental a Jean Reyor
        

miércoles, 17 de diciembre de 2014

René Guénon, Et-Tawhid


       La doctrina de la Unidad, es decir, la afirmación de que el Principio de toda existencia es esencialmente Uno, es un punto fundamental común a todas las Tradiciones ortodoxas, y podemos incluso decir que es sobre este punto que su identidad de fondo aparece más claramente, traduciéndose hasta en la expresión misma. En efecto, cuando se trata de la Unidad, toda diversidad se desvanece, y no es sino cuando se desciende hacia la multiplicidad cuando las diferencias de formas aparecen, siendo entonces múltiples, ellos mismos, los modos de expresión como aquello a lo que se refieren, y susceptibles de variar indefinidamente para adaptarse a las circunstancias de tiempo y de lugares. Pero «la doctrina de la Unidad es única» (según la fórmula árabe: Et-Tawhîdn wâhidun), es decir, que la misma es por todas partes y siempre la misma, invariable como el Principio, independiente de la multiplicidad y del cambio que no pueden afectar más que a las aplicaciones de orden contingente.

Es así que podemos decir que contrariamente a la opinión corriente, jamás ha habido en ninguna parte doctrina ninguna realmente «politeísta», es decir, admitiendo una pluralidad de principios absoluta e irreductible. Ese «pluralismo» no es posible más que como una desviación resultante de la ignorancia y de la incomprensión de las masas, de su tendencia a vincularse exclusivamente a la multiplicidad de lo manifestado: De ahí la «idolatría» bajo todas sus formas, que nace de la confusión del símbolo en sí mismo con lo que está destinado a expresar, y la personificación de los atributos divinos considerados como otros tantos seres independientes, lo que es el único origen de un «politeísmo» de hecho. Esta tendencia va por lo demás acentuándose a medida que se avanza en el desarrollo del ciclo de la manifestación, porque ese desarrollo mismo es un descenso a la multiplicidad, y en razón del oscurecimiento espiritual que le acompaña inevitablemente. Por eso es por lo que las formas Tradicionales más recientes son las que deben enunciar de la manera más aparente al exterior la afirmación de la Unidad; y, de hecho, esta afirmación en ninguna parte es expresada tan explícitamente y con tanta insistencia como en el islam donde la misma parece incluso, si así puede decirse, absorber en ella toda otra afirmación.

La única diferencia entre las doctrinas Tradicionales, a este respecto, es la que acabamos de indicar: La afirmación de la Unidad está por todas partes, pero, en el origen, no tenía la misma necesidad de ser formulada expresamente para aparecer como la más evidente de todas las verdades, ya que los hombres estaban entonces demasiado cerca del Principio como para desconocerla o perderla de vista. Ahora al contrario, puede decirse que la mayoría de entre ellos, comprometidos por entero en la multiplicidad, y habiendo perdido el conocimiento intuitivo de las verdades de orden superior, no llegan sino con esfuerzo a la comprensión de la Unidad; y es por lo que deviene poco a poco necesario, en el curso de la historia de la humanidad terrestre, formular esta afirmación de la Unidad en múltiples ocasiones y de más en más claramente, podríamos decir, de más en más enérgicamente.

Si consideramos el estado actual de las cosas, vemos que esta afirmación está en cierto modo más envuelta en algunas formas Tradicionales, que ella constituye incluso a veces como el lado esotérico de las mismas, tomando este término en su sentido más amplio, mientras que, en otras, aparece a todas las miradas, si bien se llega a no ver más que la afirmación en cuestión, aunque haya seguramente, ahí también muchas otras cosas, pero que no son sino secundarias frente a ésta. Este último caso es el del islam, inclusive exotérico; el esoterismo no hace aquí más que explicar y desarrollar todo lo que está contenido en esta afirmación y todas las consecuencias que derivan de la misma, y, si lo hace en términos frecuentemente idénticos a los que encontramos en otras Tradiciones, tales como el Vêdânta y el Taoísmo, no hay lugar a sorprenderse de ello, ni a ver ahí el efecto de préstamos que son históricamente contestables, ello es simplemente así porque la verdad es una, y porque, en el orden principal, como lo decíamos al comienzo, la Unidad se traduce necesariamente hasta en la expresión misma.

Por otra parte, es de observar, considerando siempre las cosas en su estado presente, que los pueblos occidentales y más especialmente los pueblos nórdicos, son los que parecen tener las mayores dificultades en comprender la doctrina de la Unidad, ello, al mismo tiempo que están comprometidos en mayor grado que los demás en el cambio y la multiplicidad. Las dos cosas van evidentemente conjuntas, y quizás que hay algo ahí que se debe, al menos en parte, a las condiciones de existencia de esos pueblos: cuestión de temperamento, pero también cuestión de clima, estando la una en función de la otra, o al menos hasta un cierto punto. En los países del Norte, en efecto, donde la luz solar es débil y frecuentemente velada, todas las cosas aparecen a las miradas con un igual valor, si así puede decirse, y de una manera que afirma pura y simplemente su existencia individual sin dejar entrever nada más allá; así, en la experiencia ordinaria misma, uno no ve verdaderamente más que la multiplicidad. Es muy distinta cosa en los países en los que el sol, por su radiación intensa, absorbe por así decir todas las cosas en sí mismo, haciéndolas desaparecer delante de él, como la multiplicidad desaparece ante la Unidad, no porque la misma deje de existir según su modo propio, sino porque esa existencia no es rigurosamente nada al respecto del Principio. Así, la Unidad deviene en cierto modo sensible: Ese brillo solar, es la imagen de la fulguración del ojo de Shiva, que reduce a cenizas toda manifestación. El sol se impone aquí como el símbolo por excelencia del Principio Uno (Allahn Ahad), que es el Ser necesario, El único que se basta a Sí mismo en Su absoluta plenitud (Allahn Es-Samad), y de quien dependen enteramente la existencia y la subsistencia de todas las cosas, que fuera de Él no serían sino nada.

El «monoteísmo», si puede emplearse este término para traducir Et-Tawhîd, si bien restringe un poco su significación haciendo pensar casi inevitablemente en un punto de vista casi exclusivamente religioso, el «monoteísmo», decimos, tiene pues un carácter esencialmente «solar». En ninguna parte es más sensible que en el desierto, donde la diversidad de las cosas está reducida a su mínimo, y donde, al mismo tiempo, los espejismos hacen aparecer todo lo que tiene de ilusorio el mundo manifestado. Ahí, la radiación solar produce las cosas y las destruye unas tras de otras; o antes, ya que es inexacto decir que las destruye, las transforma y las reabsorbe luego de haberlas manifestado. No se podría encontrar una imagen más verdadera de la Unidad desplegándose exteriormente en la multiplicidad sin dejar de ser ella misma y sin ser afectada por ello, y llevando a ella misma después, siempre según las apariencias, esa multiplicidad que, en realidad, jamás ha salido, ya que nada podría haber fuera o en el exterior del Principio, al cual nada puede añadirse y de quien nada puede sustraerse, porque Él es la indivisible totalidad de la Existencia única. En la luz intensa de los países de Oriente, basta ver para comprender estas cosas, para percibir inmediatamente su verdad profunda; y sobre todo parece imposible no comprenderla así en el desierto, donde el sol traza los Nombres divinos en letras de fuego en el cielo.

Gebel Seyidna Mousa, 23 shawal 1348 H.
Mesr, Seyidna El-Hussein, 10 moharram 1349 H.
(aniversario de la batalla de Kerbela).

miércoles, 15 de octubre de 2014

Martin Lings, la lengua árabe



(...) La primera vez que los Árabes aparecieron en la historia, eran una raza de poetas cuya lengua se encontraba compuesta de una gran variedad de formas métricas, su conversación cotidiana constituyendo casi su única prosa. Poseían una escritura un poco rudimentaria, que sólo algunos de entre ellos conocían, pero preferían en todo caso transmitir sus poemas de manera viva, por la vía oral, aunque es cierto que antes de la llegada del Islam, eran los más ilustrados de todos los pueblos semitas. Eso explica sin duda, al menos en parte, porque su lengua se ha conservado tan bien: si bien el examen linguístico muestra que ella es una degradación de una lengua todavía más arcaica, es decir aún más compleja y más rica en sonoridades, el árabe era aún, 600 años d. de J.C, más arcaica en su forma y por ende más cercana a la "lengua de sem" que el hebreo hablado por Moises cerca de 2000 años antes. Fue el Islam, o más bien la necesidad de consignar cada sílaba del Corán con una perfecta exactitud, que obligó a los Árabes del siglo VII a aprender a leer y a escribir; pero, al mismo tiempo, el Coran impuso su propia lengua arcaica como modelo, y debido a que debe ser aprendido de memoria y recitado lo más seguido posible, el efecto perjudicial de la alfabetización a sido neutralizado por la presencia perpetua del árabe coránico en el lenguaje. Una ciencia especial fue rápidamente elaborada a fin de anotar y preservar la exacta pronunciación; la degradación de la lengua fue igualmente evitada por los esfuerzos sostenidos de los musulmanes en el curso de los siglos, quienes se obligaron a hablar bajo el modelo de su Profeta.

La consecuencia de todo esto es que su lengua se encuentra todavía viva hoy en día. Los dialectos se han inevitablemente formado en el curso del tiempo por la omisión de sílabas, la fusión de sonidos diferentes en uno sólo, y por otras simplificaciones; y esos dialectos, que varían de un pais árabe a otro, son empleados normalmente en la conversación. Pero la menor ocasión entraña inmediatamente el retorno a la majestad y a la sonoridad no disminuída del árabe clásico a la que se reviene a veces espontáneamente, en la conversación igualmente, cuando sentimos que tenemos alguna cosa realmente importante que decir. Por otro lado, el pequeño número que, por principio, se niega rotundamente a hablar la lengua corriente es susceptible de encontrarse frente a un dilema: o se abstienen completamente de participar en una "conversación ordinaria", o corren el riesgo de generar un efecto incongruente. La habladuría fútil, es decir la expresión rápida de pensamientos irreflexivos, a debido ser algo casi relativamente desconocido para el pasado, pues es algo a lo que las lenguas antiguas no se prestan: si los hombres pensaban con más facilidad y se aplicaban más a componer sus pensamientos, se aplicaban más también ciertamente a expresarlos. Es lo mismo para el sánscrito como para el árabe; cada uno, con su maravillosa variedad de consonánticos, nos conduce a esta conclusión: hace mucho tiempo, los órganos humanos del oído y de la articulación eran más finos y delicados que ahora; y eso está corroborado también por un estudio de la música antigua hecha de sutileza rítmica y melódica.

(Martin Lings - Creencias antiguas y supersticiones modernas, ed. Pardes 1988, primer capítulo)        

sábado, 11 de octubre de 2014

Omar Khayyam


Escucha este gran secreto: cuando la primera aurora iluminó el mundo, Adán era ya una criatura que anhelaba la noche y que anhelaba la muerte.

jueves, 2 de octubre de 2014

Ibn Arabi, la Doctrina del Sello


Extracto sacado de la obra "Ibn Arabi ou La quete du Soufre Rouge" de Claude Addas, en el que la autora hace un breve resumen de la misteriosa doctrina de los Sellos desarrollada por el Shaykh al-Akbar, el "sultán de los gnósticos" o el "Sello de los santos". Esta obra es la mejor biografía que hasta el momento se ha hecho de Ibn Arabi, pero lamentablemente aún no se encuentra traducida al castellano. 

La especificidad de las concepciones y la tecnicidad de los conceptos desarrolladas por Ibn Arabi en torno a la naturaleza siempre misteriosa de la profecía y la santidad son magistrales. A diferencia del cristianismo, en el Islam la santidad no se reduce a ser un asunto meramente moral, sino más bien se define por el sentido de una "proximidad ontológica" y, más aún, metafísica con Allah. El santo constituye así el amigo íntimo (khalil) o próximo de Allah, existiendo en la doctrina del tasawwuf islámico la concepción de una graduación jerarquía y esotérica de santos cuya cúspide estaría representada por el Polo supremo (Qubt). El santo es el depurado, el próximo, el que sigue la vía de la actualización gradual del estado primordial adámico (fitra) y el que espera en constante recuerdo (dhikr) alcanzar la "fusión sin confusión" con Allah en la "identidad suprema". Todo santo es el heredero de un profeta. 

Es cierto que en un primer momento puede resultar complejo abordar dichas concepciones doctrinales, por lo sutiles y elaboradas, más aún para el que no está familiarizado con la monumental obra de Ibn Arabi; pero luego cuando poco a poco las vamos comprendiendo comenzamos a descubrir los maravillosos tesoros y secretos escatológicos que se esconden en esta última rama cíclica del tronco de la Tradición primordial: el Islam. Purificado y depurado de su historicidad particular y revelado por lo tanto bajo su rostro de majestuosa universalidad (des-especificado), este Islam primordial al que se accede sumergiéndose en las profundidades (alturas) del tasawwuf y siguiendo el hilo de la línea akbariana se encuentra actualmente representado por el Sheikh abd al-Wahid Yahya René Guénon, el Sheikh Mustafa abd al-Aziz Michel Valsan y su hijo Muhammad Valsan. 


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"Yo era profeta cuando Adam se encontraba todavía entre el agua y el barro". Para algunos awliya, este hadith es la afirmación del profeta Muhammad de la preexistencia de la haquiqa muhammadiyya, la Realidad muhammadiana. El era, fue y será. Todos los profetas que desde Adam han sido envíados a los hombres no son desde entonces sino los portadores, los receptáculos, en un momento dado de la historia humana, de una parcela de esta Realidad muhammadiana que no cesa así de viajar a través del tiempo y de los hombres hasta el momento de su exteriorización total y perfecta en la persona histórica del profeta Muhammad. Con la muerte de éste, la "puerta de la profecía legiferante" (nubuwwat al-tashri´) está definitivamente cerrada; solo existe la "santidad" (walaya), y es entonces por ella y más específicamente a través de aquellos que la realizan, los awliya´, que la haqiqa muhammadiyya continuará abriéndose camino hasta el fin de los tiempos. Y eso más aún que, para Ibn Arabi, lo hemos visto, todo "santo" (wali) es el heredero (warith) de uno de los profetas - entendiéndose que, incluso cuando se hereda de un otro profeta que no sea Muhammad, es siempre del Sello de los profetas que el wali hereda de hecho de manera indirecta.

Estas ideas serán fuertemente atacadas por varios fuqaha. Pero eso no es todo. La walaya, explica Ibn Arabi, engloba la risala y la nubuwwa; todo nabi es por lo tanto también wali, y, en la persona de cada profeta, el wali es superior al nabi. En efecto, dice, risala y nubuwwa tienen un término, que marca la muerte del profeta Muhammad; la walaya, al contrario, no tiene fin ni en este mundo ni en la vida futura - como lo atesta la designación de Dios en el Coran por el nombre al-Wali (Cor. 2:57). La diferencia entre "santidad" y "profecía" es por lo demas bastante tenue ya que, según Ibn Arabi, la walaya, en su grado supremo, aquel de los afrad, toma el nombre de nubuwwa ´amma, "profecía general" (es decir no legiferante).

Ahora bien, de la misma manera que hay en la persona de Muhammad (Cor. 33:40) un "Sello de la profecía legiferante", hay también un Sello de santos. Esta última función se reparte de hecho, en la doctrina de Ibn Arabi, entre tres personajes. El primero, el Sello de la santidad muhammadiana, sella la herencia profética propiamente muhammadiana. Es la manifestación en un momento dado de la realización integral, efectiva y única de la walaya muhammadiyya; dicho de otro modo, es la exteriorización por medio de este individuo del nombre al-wali del profeta Muhammad, que su función de rasul había en parte ocultado. "Así como, escribe Ibn Arabi, por medio de Muhammad, Dios a sellado la profecía legiferante, así también por medio del Sello muhammadiano Él a sellado la santidad que proviene de la herencia muhamadiana, no aquella que proviene de la herencia de los otros profetas: entre los santos en efecto, hay quienes heredan de Abraham, de Moises o de Jesus por ejemplo, mientras que ya no habrá más santo que sea "sobre el corazón de Muhammad".

A la muerte del Sello muhammadiana, ningúno de los awliya tendrá más acceso de manera directa a la herencia propiamente muhammadiana, pero el grado de la nubuwwa ´amma quedará abierto: habrán por lo tanto todavía más afrad. Es sólamente con el advenimiento del "Sello de la santidad universal" que será cerrada a su vez la puerta de la "profecía no legiferante": habrán todavía santos luego de su venida, pero ninguno de ellos a partir de ese momento alcanzará el maqam des afrad.   

Con el tercer Sello, en fin, la walaya, será definitivamente cerrada. Este tercer Sello no será además solamente el último de los santos, nos revela Ibn Arabi, pero también el último de los hombres en nacer en este mundo: "El último nacido del género humano será sobre los pasos de Seth y poseerá sus secretos. Ningún niño nacerá luego de él en el género humano. Es él quien es el Sello de niños (Khatm al-awlad). Tendrá una hermana que nacerá al mismo tiempo que él, pero ella saldrá antes, y el la seguirá. La cabeza de este Sello estará colocada cerca de los pies de su hermana. El lugar de nacimiento será en China y su lengua será aquella de las gentes de ese pais. La estirilidad se esparcirá en los hombres y mujeres y veremos multiplicarse los matrimonios sin nacimientos. Llamará a los hombres a Dios y ellos no responderán a su llamado. Cuando Dios tome su alma y la de los creyentes de su época, aquellos que subsitan despues de él serán parecidos a las bestias. No tendrán cuenta ni de la licitud de aquello que es lícito, ni de la ilicitud de aquello que es ilícito. Obedecerán a la sola autoridad de la naturaleza animal, no seguirán sino únicamente a la pasión libre de toda razón y de toda Ley sagrada. Y es sobre ellos que se levantará la Hora". Dicho esto, queda ahora determinar cuales son los personajes respectivamente investidos de las funciones del Sello muhammadiano y del Sello de la santidad universal. 

En lo que concierne al segundo, Ibn Arabi es categórico: es Jesus quien, para él, respresenta el Sello de la santidad universal: "Hay de hecho dos Sellos, uno por el que Dios sella la santidad en general y el otro por el que sella la santidad muhammadiana. En cuanto a aquel que es el Sello de la santidad de manera absoluta, ese es Jesus. Él es el santo a quien pertenece por excelencia la función profética no legiferante en la época de esta Comunidad (=la comunidad musulmana) ya que es a partir de ese momento separado de la función de profeta legislador y de Envíado (rasul). Cuando descienda en el fin de los tiempos, será en calidad de heredero y de Sello y no habrá después de él ningún santo a quien pertenezca la profecía general (...). En lo que concierne al Sello de la santidad universal depues del cual no habrá más ningún santo (que alcanze ese grado), ese será Jesus y hemos hemos encontrado varios santos que estaban "sobre el corazón de Jesus" o de otro de los Enviados". Conviene revelar de una vez el rol mayor que Ibn Arabi atribuye a Jesus no sólamente, como lo hemos visto, en su destino personal pero en su concepción de la historia sagrada. Ciertamente, es tradicionalmente reconocido y admitido en el Islam que Jesus redescenderá sobre la tierra en el fin de los tiempos para hacer reinar la justicia y la paz aplicando la sharí´a muhammadiana, pero jamás, a nuestro conocimiento, se le había reconocido una función específica en la economía de la walaya

Podemos entrever mejor por lo tanto la naturaleza particular de la relaciones que unen a Ibn Arabi y a Jesus y a la cuales habíamos hecho alusión en repetidas ocasiones. Ya que si Jesus es el Sello de la santidad universal, Ibn Arabi reivindica para él mismo la función del Sello muhammadiano. Es así que él declara: "Yo soy, sin nunguna duda, el Sello de la santidad, en mi calidad de heredero del Hashimita y del Mesías". O también, en un poema del Diwan:

Yo soy el Sello de santos, al igual que está atestado
Que el Sello de profetas es Muhammad
El Sello específico, no el Sello de la santidad general
Pues aquella corresponde a Jesus el Asistido.

En tanto que él es la manifestación global e integral de la walaya muhammadiyya - la fuente suprema es desde ese punto de vista superior a todos los profetas y los Envíados, pues es de él que extraen su walaya todos los profetas - entre los cuales Jesus mismo quien, en tanto que wali, está bajo la autoridad del Sello muhammadiano; en tanto que él es nabi y rasul, Jesus es por el contrario superior al Sello de la santidad muhammadiana quien no detenta ninguna de estas dos funciones: "La santidad muhammadiana, declara Ibn Arabi, es decir la que es propia a la Ley revelada a Muhammad, posee un Sello particular cuyo grado es inferior a aquel de Jesus puesto que éste último es un Envíado".

"Cuando Jesus descienda sobre la tierra en el fin de los tiempos, Dios lo autorizará sellar la Gran Santidad (al-walaya al-kubra), aquella que se extiende desde Adam hasta el último de los profetas. Eso será un honor para Muhammad puesto que la santidad universal, aquella de todas las comunidades, será sellada únicamente por un Envíado que siga su Ley. Jesus sellará entonces a la vez el ciclo de la Realeza y la santidad universal. Él es así uno de los Sellos de este mundo. En cuanto al Sello de la santidad muhammadiana, que es el Sello especial de la santidad propia a la comunidad que es aquella de Muhammad de manera aparente, Jesus será colocado bajo la autoridad de su función al igual que Elías, Khadir y que todos los santos de Dios perteneciendo a esta comunidad. Así Jesus, bien que sea un Sello, será él mismo sellado por este Sello muhammadiano".