domingo, 7 de agosto de 2011

Del Turkana al Cáucaso

El escritor tradicionalista Joaquin Albaicin aprovecha esta reseña para criticar lucidamente y con fina ironía la "hipótesis" moderna del evolucionismo darwiniano. Nótese que digo hipótesis y no hecho comprobado, pues eso es lo que es: una hipótesis cientificista que es tomada por la masa - incluyendo curriculums escolares - como una verdad absoluta y que a su vez es defendida con el mismo celo con el que los fanáticos religiosos defienden sus delirantes interpretaciones. 

Claro, las pruebas científicas que refutan esta teoría "transformista" no reciben la misma acogida que en cambio sí reciben las SUPUESTAS pruebas que la confirmarían, pero ahí están para los interesados que deseen indagar sobre el tema.      
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DEL TURKANA AL CÁUCASO
Jordi Agusti y David Lorkipanidze - National Geographic
Paleoantropología… La historia de siempre: fósiles de “homínidos” de hace dos millones de años son exhumados a golpe de pincel. Entre ellos, llama la atención una mandíbula un día perteneciente a un anciano. A partir de este y otros datos fragmentarios y con ayuda de puentes lógicos de dudosa estabilidad, se procede a “reconstruir” una migración acontecida en el érase que se era, iniciada en las cercanías del lago Turkana, en Kenya, y que habría conducido hasta los valles del Cáucaso a los supuestos ancestros de todos los europeos.

Los libros sobre “homínidos” están muy bien… siempre que se lean como lo que realmente son: obras de ficción. No nos equivoquemos. Empezando por la propia teoría de la evolución, todas las premisas y lugares comunes a partir de las cuales trabajan y construyen su discurso los paleoantropólogos no son sino eso: puras teorías. Huelga decir que los profesionales del gremio –y, a su lado, los medios de comunicación- las esgrimen como si de certezas, por no decir dogmas, se tratara. Es una pena que los paleoantropólogos no se molesten en estudiar la doctrina hindú de los ciclos cósmicos, por cuanto esta les aclararía en corto y por derecho que los osarios de “homínidos” para quienes nos han construido genealogías, preferencias gastronómicas y entornos absolutamente imaginarios son, en el mejor de los casos, restos –restísimos- de ciclos –y, por tanto- “humanidades” anteriores, cuya conexión con la nuestra no hay razones para sobreentender. Sólo con muy buena voluntad y encomiable magín puede uno, en efecto, osar hablar de coetaneidad de “especies” o distinción clara de capas geológicas a partir de una esquirla de cráneo aquí, un hueso presuntamente pulido algo más allá, un fósil de guisante tres kilómetros al sur… todo ello, revuelto en un amasijo de tierra apisonada por varios cataclismos.

Nunca han sido hallados los despojos de ese hipotético “antepasado” común a hombres y simios, ni tampoco los de ninguna supuesta especie transicional que hayan podido justificarse como los de otra cosa que un simio. Y esto, vale para todo el reino animal. A veces, a partir de un diente aislado, se ha proclamado el descubrimiento de una “nueva especie” de “homínido”. Los paleoantropólogos han procedido entonces a detallarnos su habitat, costumbres cotidianas… su día a día, en fin, en preciosos dibujos insertados en los libros de texto. A menudo, el fraude ha sido descubierto. ¿Hace falta decir que la competencia y criterio “científicos” empleados para las citadas “reconstrucciones históricas” eran exactamente los mismos que en el caso de las “reconstrucciones” todavía no descubiertas como fraudulentas?

En un artículo publicado hace más de cincuenta años, en el que narraba su visita a un poblado ibero en la Costa Brava, dejo ya traslucir la ironía de Luis Escobar de qué pie cojea la paleoantropología: “De pronto, entre la tierra endurecida, la azada tropieza con algo más duro aún. Emoción. No es más que una piedra afilada. Pero el doctor Pericot la examina perplejo. ´Esto pertenece a otra época completamente distinta´, nos dice. Debemos hallarnos en la casa de un ibero interesado en la prehistoria”. Por jocoso que parezca, no muy diferentes son los argumentos sobre los que “sustenta” sus tesis la mayor parte de los paleoantropólogos. El libro, queremos subrayarlo, es ameno e interesante. Pero siempre que, como todos los del género, y esto queremos subrayarlo aún más, se lea como una obra de ficción, de fantasía.


domingo, 31 de julio de 2011

La patología del esteticismo

Párrafos extraídos de la obra "La verdadera filosofía del arte cristiano y oriental" del historiador de arte Ananda Coomaraswamy. En ellos el autor nos muestra las diferencias sustanciales entre lo que es un gusto sentimental sujeto a simpatías o antipatías individuales y lo que es la belleza cognitiva que depende del modo correcto de hacer las cosas, de la adecuación, el orden y la armonía entre las partes:

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"Éstas no son opiniones personales, sino sólo las deducciones lógicas de toda una vida dedicada al manejo de obras de arte, a la observación de hombres a la obra, y al estudio de la filosofía universal del arte, filosofía de la que nuestra «estética» es sólo una aberración provinciana y transitoria. Es incumbencia del hombre de museo mantener, con Platón, que «no podemos dar el nombre de arte a nada que sea irracional»".

"El artista no es un tipo especial de hombre, sino que todo hombre que no es un artista en algún campo, todo hombre sin una vocación, es un haragán. El tipo de artista que un hombre debe ser —carpintero, pintor, hombre de leyes, agricultor, o sacerdote— está determinado por su propia naturaleza, en otras palabras, por su nacimiento. El único hombre que tiene derecho a abstenerse de toda actividad constructiva es el monje, que también ha renunciado a todos esos usos que dependen de las cosas que se pueden hacer y que ya no es un miembro de la sociedad. Ningún hombre que no es un artista tiene derecho a un estatuto social".


"Las posesiones son una necesidad en la medida en que podemos usarlas; es enteramente legítimo tener gozo en lo que usamos, pero es igualmente desordenado tener gozo en lo que no podemos usar o usar aquello en lo que no se puede tener gozo. Todas las posesiones que no son al mismo tiempo bellas y útiles son una afrenta a la dignidad humana. La nuestra es tal vez la primera sociedad que encuentra natural que algunas cosas sean bellas y otras útiles. Ser voluntariamente pobre es haber rechazado lo que no podemos admirar y usar al mismo tiempo; esta definición puede aplicarse igualmente al caso del millonario y al del monje".

"Lo que Platón entiende por «fiel» es «iconográficamente correcto». Porque todas las artes, sin excepción, son representaciones o semejanzas de un modelo; pero esto no quiere decir que lo sean en el sentido de decirnos qué aspecto tiene el modelo, lo cual sería imposible viendo que las formas del arte tradicional son típicamente imitativas de cosas invisibles, que no tienen apariencia, sino que son analogías tan adecuadas que son capaces de hacernos recordar, es decir, de traer de nuevo a nuestra mente, sus arquetipos. Las obras de arte son recordatorios; en otras palabras, soportes de contemplación"

"Donde nosotros vemos el «genio» como una «personalidad» peculiarmente desarrollada que hay que explotar, la filosofía tradicional ve el Espíritu inmanente, aparte del cual la personalidad individual es relativamente nada".

"Ningún hombre, considerado en tanto que tal, puede ser un genio: pero todos los hombres tienen un genio, al que pueden servir o desobedecer a su propio riesgo. No puede haber ninguna propiedad de las ideas, pues éstas son dones del Espíritu, y no deben confundirse con los talentos: las ideas nunca se hacen, sólo pueden ser «descubiertas» y acogidas".


"Podemos imaginar lo que Platón, que expresaba una filosofía del arte que no es «suya propia», sino intrínseca a la Philosophia Perennis, habría pensado de nuestras interpretaciones estéticas y de nuestra aseveración de que el fin último del arte es simplemente complacer. Pues, como él dice, «el ornamento, la pintura, y la música que se hacen sólo para dar placer» son sólo «juguetes». En otras palabras, el «amante del arte» es un «play boy». Se admite que una mayoría de hombres juzgan las obras de arte por el placer que proporcionan; pero antes de descender a un nivel tal, Sócrates dice no, «ni aunque todos los bueyes y caballos y animales del mundo, por su persecución del placer, proclamen que tal es el criterio». El tipo de música que él aprueba no es una música multifaria y cambiante sino una música canónica;  no el sonido de instrumentos «poli-armónicos», sino la simple música (B8`J0H) de la lira acompañada por el canto «deliberadamente diseñado para producir en el alma esa sinfonía de la que hemos estado hablando»; no la música de Marsyas el Sátiro, sino la música de Apolo".


“El sí mismo anímico o sentimental se regocija en las superficies estéticas de las cosas naturales o artificiales, que le son afines; el sí mismo intelectual o espiritual se regocija en el orden de estas cosas, y se alimenta por lo que en ellas le es afín. El espíritu es una entidad descontenta mucho más que una entidad sensitiva; lo que el espíritu saborea, no son las cualidades físicas de las cosas, sino lo que se llama su olor o su sabor, por ejemplo «la pintura que no está en los colores», o «la música que no se escucha», es decir, no una figura sensible sino una forma inteligible. El «contento del corazón» de Platón es lo mismo que esa «beatitud intelectual» que la retórica india ve en la «saboreación del sabor» de una obra de arte, una experiencia inmediata, y congenérica de la saboreación de Dios”.

"Tendremos que comenzar descartando totalmente el término estética. Pues estas artes no se produjeron para la delectación de los sentidos. El original griego de esta palabra moderna no significa nada más que sensación o reacción ante los estímulos externos; la sensibilidad que implica la palabra aisthesis está presente en las plantas, en los animales y en el hombre; es lo que el biólogo llama «irritabilidad». Estas sensaciones, que son las pasiones o emociones del psicólogo, son las fuerzas inductoras del instinto. Platón nos pide que nos levantemos virilmente contra los impulsos del placer y del dolor. Pues éstos, como implica la palabra pasión, son experiencias agradables o desagradables a las que estamos sujetos; no son actos nuestros, sino cosas que nos hacen a nosotros; sólo el juicio y la apreciación del arte es una actividad. La experiencia estética es la de la piel que se ama tocar, o la del fruto que se ama saborear. La «contemplación estética desinteresada» es una contradicción en los términos y un puro sinsentido. El arte es una virtud intelectual, no física; la belleza es afín al conocimiento y a la bondad, de los que constituye, precisamente, el aspecto atractivo; y puesto que una obra nos atrae por su belleza, su belleza es evidentemente un medio hacia un fin, y no en sí misma el fin del arte; el propósito del arte es siempre de comunicación efectiva. Así pues, el hombre de acción no se contentará con sustituir un juicio de comprensión por el conocimiento de lo que le agrada; no se limitará a gozar de lo que debe usar (a aquellos que se limitan a gozar les llamamos acertadamente «estetas»); lo que le interesará no serán las superficies estéticas de las obras de arte, sino la recta razón o la recta lógica de la composición. Ahora bien, la composición de obras de arte como las que exponemos no se debe a razones estéticas, sino a razones expresivas. El juicio fundamental concierne al grado en que el artista ha conseguido dar clara expresión al tema de su obra. Para responder a la pregunta de si la cosa se ha dicho bien, será evidentemente necesario que sepamos qué es lo que tenía que decirse. Por esta razón, al examinar una obra de arte siempre debemos comenzar por su tema".

"Platón estaba lejos de admirar «el milagro griego» en arte; elogiaba el arte canónico de Egipto, en el que «estos modos (de representación) que son correctos por naturaleza se habían considerado siempre sagrados». Este punto de vista es idéntico al de los filósofos escolásticos, para quienes «el arte tiene unos fines fijados y unos medios de operación verificados». Nuevos cantos, sí; pero nunca nuevos tipos de música, porque éstos pueden destruir toda nuestra civilización. Son los impulsos irracionales los que ansían la innovación. Nuestra cultura sentimental o estética —sentimental, estético y materialista son virtualmente sinónimos— prefiere la expresión instintiva a la belleza formal del arte racional. Pero Platón no podría haber visto ninguna diferencia entre el matemático conmovido por una «bella ecuación» y el artista conmovido por su visión formal. Porque él pedía que nos levantáramos como hombres contra nuestras reacciones instintivas ante lo que es agradable o desagradable, y que admirásemos en las obras de arte, no sus superficies estéticas, sino la lógica o la recta razón de su composición".

"«Cuanto mayor es la ignorancia de los tiempos modernos, tanto más profunda se hace la oscuridad de la Edad Media». La Edad Media y el oriente son misteriosos para nosotros debido sólo a que no sabemos qué pensar, a excepción de lo que nos agrada pensar. Como humanistas e individualistas, nos halaga pensar que el arte es una expresión de sensaciones y de sentimientos, de preferencia y de libre elección personales, sin compromiso alguno con las ciencias matemáticas y cosmológicas".

«La patología estética es una excrecencia en el genuino interés por el arte que parece ser exclusivo de los pueblos civilizados»

"El hombre integral es de modo natural un metafísico, y sólo más tarde un filósofo y psicólogo, un sistematizador. Su razonamiento es por analogía o, en otras palabras, por medio de un «simbolismo adecuado»"

"«Pensar por sí mismo» es siempre pensar en sí mismo; por consiguiente, lo que se llama «librepensamiento» es la expresión natural de una filosofía humanista. En ella, estamos a la merced de nuestros pensamientos y correspondientes deseos. El librepensamiento es una pasión; son los pensamientos, y no nosotros, los que son libres. Nunca insistiremos bastante en que la contemplación no es una pasión, sino un acto; y en que, si la psicología moderna ve en la «inspiración» la irrupción de un deseo instintivo y subconsciente, la filosofía ortodoxa ve en ella una elevación del ser del artista hasta niveles supraconscientes y supraindividuales. Donde el psicólogo invoca a un demonio, el metafísico invoca a un daimon: lo que para uno es la «libido», para el otro es «el Eros divino»".

"Y mientras que en la mayor parte del arte moderno no podemos dejar de reconocer un exhibicionismo en el que el artista, más que demostrar una verdad, se explota a sí mismo, y el individualismo moderno justifica francamente este autoexpresionismo, el arte medieval es característicamente anónimo y de «porte discreto», y lo que importa en él es lo que se dice, y no quien habla".

"El estudioso comprende la lógica de la composición; el ignorante sólo comprende su valor estético".

"Allí donde el artista explota su propia personalidad y deviene un exhibicionista, ese arte entra en decadencia"
"Considerar la belleza como una cosa que ha de gozarse aparte del uso es ser un naturalista, un fetichista, y un idólatra".

"La perfección, más que la belleza, era el fin en vista. No había ninguna «estética», ninguna «psicología» del arte, sino sólo una retórica, o teoría de la belleza, belleza que se consideraba como el poder atractivo de la perfección en tipo, y como dependiente de la adecuación, del orden o la armonía entre las partes (algunos dirían que esto implicaba, dependiente de ciertas relaciones matemáticas ideales entre las partes) y de la claridad o iluminación —a saber, la huella de lo que San Buenaventura llama «la luz de un arte mecánico». Nada ininteligible podría haberse considerado como bello. La fealdad era la falta de atractivo de la informalidad y el desorden".

"Así pues, lo que se ha conservado realmente en los cuentos populares y de hadas, y en el arte campesino popular no es, ciertamente, un cuerpo de fábulas meramente infantiles o de entretenimiento, ni un cuerpo de arte decorativo rústico, sino una serie de lo que son realmente doctrinas esotéricas y símbolos que no son de invención popular. Puede decirse que, cuando ha tenido lugar una decadencia intelectual en los círculos superiores, es así como se conserva, de una época a otra, este material doctrinal, proporcionando un vislumbre de luz en medio de lo que puede llamarse la noche oscura del intelecto; la memoria del pueblo hace las veces de una suerte de arca, en la que la sabiduría de una época anterior pasa el período de disolución de las culturas que tiene lugar al cierre de un ciclo".
  

sábado, 30 de julio de 2011

Danzas y ejercicios tradicionales en película de Peter Brook

Estas son danzas al parecer sufís extraídas de la película "Meeting with remarkable men" (encuentro con hombres notables) del director de teatro experimental Peter Brook. El título de la película hace referencia a una de las obras del mago George Ivanivich Gurdjieff, en donde a modo de novela biográfica - no exenta de mucha imaginación, como gustaba de hacer Gurgieff - relata su recorrido por el Asia central y el Medio Oriente en busca de un monasterio que albergaría a los miembros de una cofradía universal conocida como la "Hermandad de Sarman". 

En su trayecto se encontrará con sufíes, monjes, maestros que lo irán forjando en la sabiduría para luego, después de toda esa peripecia y tras haber encontrado el misterioso monasterio, retornar a Europa y mostrar al mundo entero la "sabiduría oculta de la humanidad".

La enseñanzas de Gurdjieff, resumidas en lo que dio a conocer como el cuarto camino o la vía del hombre astuto, una especie de síntesis entre los caminos del yoguí, del monje y del faquir (la mente, las emociones y el cuerpo respectivamente), calaron fuertemente en la intelectualidad artística europea de su tiempo, siendo este el caso del reconocido director de teatro Peter Brook.

Este monasterio y cofradía universal que dice haber encontrado Gurdjieff en las regiones montañosas del Asia Caentral no sería sino el remedo y la parodia del verdadero "Centro del Mundo", aquel conocido como Aghartta o Shamballa por las tradiciones orientales y que yace oculto para el común de los mortales.

La palabras de Guenon sobre dicho excéntrico - y en extremo psíquico - personaje (sus leyendas son varias), que dicho sea de paso condujo al manicomio y al suicido a varios de sus seguidores, son categóricas: "alejarse de él como la peste".

Todo esto no quita - dado la calidad artística del director - que la película esté muy bien hecha y que valga la pena verla. Son hermosas danzas tradicionales que lo que buscan es expresar y representar simbolicamente principios cosmológicos que yacen inscritos en sus doctrinas, no como las danzas modernas que más bien se limitan a expresar un cierto estado de ánimo caprichoso.    

miércoles, 27 de julio de 2011

Baraka

Este es el trailer del documental Baraka realizado por el cineasta Ron Fricke en el año 1992. Su estructura narrativa carece de guión y está conformada únicamente por imágenes, música y sonidos naturales o artificiales. En este documental se puede notar con claridad el fuerte contraste que existe entre el mundo moderno y el mundo tradicional, aparentemente imposibles de armonizar. El caos violento de la modernidad y su fealdad intrínseca frente al orden dócil y bello de lo tradicional. La palabra Baraka es de origen árabe y significa la "influencia espiritual" o bendición que recibe el neófito durante la iniciación.      

Dead can Dance, Yulunga

Las imágenes del vídeo pertenecen al documental Baraka del director estadounidense Ron Fricke. Es uno de los documentales que mejor ha retratado el espacio sagrado del hombre tradicional y la violación profana cometida por el hombre moderno. En este fragmento se muestran algunas danzas tradicionales acompañadas con la música solemne y señorial de la banda Dead can Dance.


domingo, 24 de julio de 2011

El pueblo Rrom, los Gitanos

Joaquin Albacin es un escritor que pertenece por línea materna a un linaje gitano y ha escrito una obra que se titula “En pos del sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda” en donde intenta explicar los misteriosos orígenes de su pueblo. Para ello divide su obra en tres partes: la de la historia, la del mito y la de la leyenda. 

Siendo el escritor gitano-español un seguidor de la perspectiva tradicional contemporánea, aquella inaugurada - indirectamente - por el ilustre Rene Guenon, se entenderá porqué lo más sustancioso de su trabajo reside en los capítulos que versan sobre los mitos y leyendas de su pueblo, aunque lo histórico no deje tampoco de ser harto interesante por su rigor erudito y amplia documentación.

Dentro de los varios datos reveladores que encontramos en su obra, como por ejemplo el verdadero origen sagrado del baile flamenco vinculado a los mudras hindúes y a estilos de baile como el bharata natyam o el kathak, o la posibilidad de que su pueblo (junto con otras dos ramas más del pueblo tártaro) haya tenido como patria primordial el “centro subterráneo” del mundo, aquel denominado por las diversas tradiciones como Preste del Juan, Salem, Shambala o Agarttha, el que más nos ha sorprendido ha sido el que los emparenta con la raza roja drávida de la India y los convierte en fieles seguidores del Dios Shiva. 

Se ha encontrado que algunas zíngaras de Rusia y los Balcanes llevaban collares con el amuleto de un lingam y yoni reunidos, símbolo por excelencia del culto shivaíta.

Es un error común de la historiografía moderna - que ha sido ya subsanado y corregido por las múltiples evidencias nuevas aparecidas - atribuir al pueblo de los Rrom orígenes egipcios (de donde la voz en inglés gypsies y en español gitano, por lo de egipcio o egiptano), y esto principalmente porque los primeros caravanserrallos zíngaros que llegaron a Europa por Grecia declararon - por propia ignorancia y olvido - ser oriundos del Egipto Menor o Pequeño Egipto. 

La verdad es que que los gitanos o pueblo de Rrom poseen sangre india y que son descendientes de los clanes kshatriyas (casta guerrera de nobleza y aristocracia) del Penjab, Haryana, Rajasthan y más. Un linaje de guerreros arios que (la palabra "ario" del sánscrito "arya" hace referencia a los "dos veces nacidos" de las tres primeras castas y no a una "raza aria blanca" como han inventado los orientalistas europeos y los ocultistas del nazismo), antes de someterse al yugo de los musulmanes cuando éstos invadieron el norte de la India entre los siglos XI y XIII, prefirieron marcharse al exilio y emigrar hacia las tierras donde el sol se pone afrontando un destino incierto. 

“Las mujeres, enjoyadas, se echaron los hijos a las caderas y, con la cabeza alta y el gesto imperturbable y orgulloso, siguieron a sus maridos para compartir el destino de los héroes. Muchas familias procedentes de toda la sociedad penjabi, admiradas ante el ejemplo de los bravos rajput, se habrían unido con sus pertenencias a la majestuosa caravana, y ayudado a empujar los carros con que forzó ésta los pasos montañosos del Afghanistán. Cada noche, después de haber trepado a inexpugnables aguileras, burlado a las patrullas muslimitas y soportado estoicamente la inclemencia del sol, la caravana se detendría, se encenderían los fuegos y se cantaría y bailaría. Al día siguiente, con el alba, se pondrían otra vez en marcha aquellos valientes enamorados de la libertad a los que, siglos después, llamaría Chaman Lal “los hijos olvidados de la India!" 

El nombre que decidió adoptar este pueblo nómade como título de su clan - antes que el de gitano, que fue atribuido por los europeos - fue el de Rromane Chave o Rrom, cuyo origen deriva de los hijos de Rama, rey kshatriya anterior al ciclo de Krishna que gobernó el pueblo indio de Pendjan y que, al igual que ellos, también sufrió el exilio. 


También está la leyenda que el ginatólogo galo Fleury recoge de boca de unos ancianos zíngaros y que asevera que los gitanos son "descendientes de un legendario pueblo cuya cuna era la India, los Gondh-Sindhus, una rama de los cuales, en un pretérito muy distante en el tiempo, se habría echado a camino en dirección al Oeste. A su paso por el Oriente Medio se hicieron diestros en el arte de la doma de caballos, y, como eran ricos en piedras preciosas, pudieron adquirir bestias que apecharon con el peso de sus bagaje, formar caravanas y llegar hasta Caldea, donde la población autóctona les recibió bien, especialmente por su excelencia como templadores de metal". 

La etimología de estas dos palabras harían referencia histórica a los habitantes de las riberas del Guijon (Gondh) y el Sindh (Sindhus) que bañan la región de Multan situada en el norte del Pendjab. 

La leyenda que hace de los gitanos personas especialmente dotadas para la clarividencia y la adivinación, ya sea a través de la lectura del porvenir con los naipes o con las líneas de las manos, aparte del hecho histórico de que en la India esas ciencias tradicionales sean consideradas normales y tomadas como superiores a las ciencias profanas y cuantitativas, la leyenda, decíamos, indica que estas ciencias arcádicas y misteriosas le fueron otorgadas al gitano durante su estadía en el centro subterráneo del Agharti. 

El viajero Ferdinand Ossendowsky, en su obra Bestias, hombres y dioses en la que relata sus aventuras a través de Mongolia y las fronteras del Tibet durante 1921 y 1922, cuenta que el bibliotecario del propio buda viviente le confidencio que: “Ciertas tribus negras del Este se internaron también en Agharti y allí estuvieron varios siglos. Más tarde fueron expulsados del reino y regresaron a la faz del planeta poseedoras del misterio de los augurios según los naipes, las hierbas y las líneas de la mano. De estas tribus proceden los gitanos”. 

Uno de los nombres con que se conoce a una rama particular de los gitanos es el de Kalé, que significa "negro", y las tribus negras del Este que menciona en su obra harían referencia - y en esto Albaicin sigue a Guenon - no tanto al color de la piel como al sentido superior que el simbolismo tradicional otorga al color negro: "en un sentido superior, el color negro simboliza esnecialmente el nombre de "Krishna", "negro", por oposición al de "Arjuna", que significa "blanco", representando el uno y el otro, respectivamente, lo no-manifestado y lo manifestado, lo inmortal y lo mortal, el Sí Mismo y el yo". 

A este simbolismo en sentido superior haría referencia la autodenominación como "pueblo negro" de los chinos (li-min), caldeos (nishi slmat kakkadi) y egipcios (kemi, la tierra negra de Egipto), pueblos que "se consideran a sí mismos como ocupantes de una situación "central"; es muy conocida, en particular, la designación de China como "Reino del Centro" (Chung-kuo), así como el hecho de que Egipto era asimilado por sus habitantes al "Centro del Mundo". 

Se ha dicho también, ya para terminar, que el gitano es El Loco del Tarot, la lectura que lo identifica con El Mago (bateuleur significa bufón), que protege su labor bajo el disfraz de hombre errante y saltimbanqui, es decir, de gitano, hombre que trata con caballos y otros animales que llevan cascabeles (adorno también de bufones, cuya función no era otra que decir la verdad con fórmulas presuntamente jocosas y burlonas). Es el Loco que tiene perfecta conciencia de su pérdida y del camino que debe recorrer para reintegrarse al estado primordial. 

La presente obra, como decía al comienzo, esta repleta de datos tradicionales e históricos muy interesantes que echan luces sobre los oscuros orígenes del pueblo nómade de Rrom. A continuación copio un par de párrafos muy ilustrativos y reveladores que muestran al pueblo gitano como un claro exponente de la rama shivaíta hindú:  

“Decíamos que, a partir del sexto milenio de Cristo, extendieron los drávidas por la India, Oriente Próximo y Europa su religión de la naturaleza y el éxtasis, el shivaísmo. Esto es patente en todas las áreas geográficas ocupadas por culturas coetáneas de la drávida de la simbología particular de esta. El toro, el carnero, la serpiente, la Dama de la Montaña, el laberinto, el hacha doble, la swastika, la danza extática, el falo, son adorados y empleados como instrumentos de meditación por todos los antiguos desde el Ganges al Guardiana lusitano. Este clima espiritual – mandalas, sahumerios, bailes y sexo ritualizados, ofrendas y yoguis – reinante en el valle del Indo en los días de la civilización drávida sugerirá al occidental mucho sobre la pertenencia original del gitano que conoce – de los antepasados del gitano que conoce – a ese mundo. Argumenta atinadamente Daniélou cuando dice que el shivaísmo puede ser oriundo o no de la India (los griegos hablan de la misión de Dionisos en India, y los indios de la extensión del shivaísmo hacia Occidente), pero es, en cualquier caso, en India donde se ha mantenido vivo sin irrupción hasta el día de hoy. Que procediese, como parece lógico, de la patria de origen de los drávidas que el mar se tragó, nada sustancialmente nuevo ni decisivo se aportaría a nuestra investigación”.


“La antigua devoción por Shiva del gitano, además de la circunstancia de que continúe siendo la deidad favorita del nómade indio, transparece en la misma significación y sentido que a nuestra vida los Rroma conferimos. El gitano, como Dionisos – el Shiva grecoegipcio -, se embriaga cantando, bailando y bebiendo: busca a través del arte y de la fiesta – más allá del mero placer estético y carnal – el éxtasis, la comunión con lo divino, el retorno siquiera sea momentáneo al estado paradisíaco que lo orgiástico representa. La fascinación que cada movimiento integrado en el baile gitano produce en el occidental no reside sino en su condición en el origen de mudra, es decir: postura o gesto lleno de contenido simbólico, perfectamente identificable en el Natya Sastra y otros códices shivaítas y de danza, que coloca al hombre en un estado especialmente receptivo a las manifestaciones de lo sobrenatural. Y, si se siente ese mismo hombre blanco conmovido por el dramatismo del cante por seguiriyas de los gitanos de España, es por una razón similar: porque – aunque su mismo intérprete lo ignore – se trata de una antigua fórmula de invocación a la divinidad, de un mantra o símbolo sonoro". 
   




     

miércoles, 20 de julio de 2011

Wankar (Ramiro Reynaga Burgoa)

El siguiente párrafo pertenece al libro TAWA INTI SUYU: 5 siglos de guerra kheswaymara contra España de Wankar (Ramiro Reynaga Burgoa), fiero quechwa de profesión antropólogo y sobre todo un reconocido Amauta (sabio andino). 

Este es el sentimiento que comparte una gran parte de la población amerindia que aún mantienen el orgullo de raza intacto y que no están dispuestos a sufrir la "desindianización" o "aculturación" que supone todo proceso de "mestizaje". Como lo ha dicho el antropólogo peruano Rodrigo Montoya Rojas: el mestizaje es una metáfora más no una realidad.      

“Latinoamérica como nombre e imagen insinúa síntesis rosada, unión amorosa del noble conquistador español con la bella princesa india. Falso. El asaltante violó a la india paralizada de terror. Ella abortó o se mató para no engendrar. Desde entonces en los Andes hay dos mundos opuestos. El quechuaymara y el español. El Tawantinsuyu y Europa. El mestizo no es tercer mundo. Es ser inauténtico en movimiento. Si es pobre desaparece dentro del mundo indio. Si es acaudalado se confunde con el blanco. El mestizo es indio, en camino de ser conquistado. Por eso no hay historia, arte, música ni vestido mestizo. Imposible imaginar nobleza mestiza”.
                                                       
                          
Intisunqu Waman, otro intelectual amerindio y Amauta, escribe lo siguiente:

* No somos ni inferiores ni superiores a ninguna raza humana, todos somos parte del Gran Misterio;
* Somos parte viviente de la raza amerindia y aborígenes del continente Abya Yala (las Américas), y no hemos llegado, como sostiene la ciencia occidental moderna, del exterior (Asia o Polinesia);
* Estamos orgullosos de ser lo que somos y no necesitamos que nos construyan ninguna identidad nacional ni supranacional;
* Nuestra Madre Patria es el continente Abya Yala (las Américas);
* Hemos conformado pueblos-naciones confederados miles de años antes que los actuales Estados-naciones neo-coloniales modernos;
* Ha llegado el momento de despertar y sacudirnos del desprecio a si-mismo al que nos ha sometido el espíritu occidental moderno durante cinco siglos;
* Tenemos un hogar común para toda la Humanidad: nuestra Madre Tierra, que hay que proteger de la destrucción del occidental moderno y de sus mascotas occidentalizadas (portadores del mismo espíritu maligno que animó traiciones y deslealtades contra sus propios milenarios pueblos-naciones).


                         WIPHALA, SÍMBOLO SAGRADO DEL TAWANTINSUYO