domingo, 20 de enero de 2013
Reflexiones de un emboscado
Para un análisis geopolítico serio de lo que viene sucediendo en la actualidad a nivel mundial recomiendo leer el blog "reflexiones de un emboscado". El nombre hace referencia a la obra de Ernst Junger "la emboscadura" en el que el autor utiliza la figura del bosque como metáfora para referirse a aquel lugar íntimo que todo ser humano posee en su fuero interno (el nexo que conduce de lo subjetivo a lo universal) y en el que debemos refugiarnos para luchar espiritualmente contra la decadencia titánica del mundo contemporáneo.
El blog analiza de una manera sumamente impersonal, es decir tratando de ser objetivo y translucido, los acontecimientos políticos que vienen marcando la agenda mundial tras la caída del bloque socialista con la Unión Soviética (el supuesto fin de la historia de Fukuyama) y el auge del Islam ( el supuesto choque de civilizaciones - geográfico - como lo entendió Huntington) como el nuevo cuco de las democracias liberales y capitalistas.
Una vez derrotados los fascismos y el comunismo de Occidente tras el fin de la guerra fría a manos de las potencias demo-liberales, éstas pretenden ahora capitalizar el planeta entero dando lugar así al nuevo orden mundial: es el mundialismo globalizante que busca uniformizar culturalmente al planeta entero bajo los parámetros consumistas y maquinistas del "american way of life".
Sin embargo estas potencias occidentales se han encontrado en el camino con un fuerte oponente que es el Islam, la religión primordial del desierto. El Islam, y me refiero al verdadero Islam y no a su facciones degeneradas ni a las tergiversaciones producidas por los medios de comunicaciones occidentales (la guerra mediática para desprestigiar al rival), constituye en la actualidad un foco de resistencia genuino e inteligente contra el mundialismo monolítico y unipolar. No en vano ha sido la última religión revelada de la humanidad, poseyendo por eso mismo una función escatológica especial, lo que significa que ha nacido con las herramientas doctrinales necesarias para hacer frente a este nuevo orden mundial consumista, hedonista y capitalista que tiene todos los signos de ser obra del mismísimo Shaytan.
http://emboscado.blog.com/2009/02/13/el-islam-despues-de-la-guerra-fria/
El blog analiza de una manera sumamente impersonal, es decir tratando de ser objetivo y translucido, los acontecimientos políticos que vienen marcando la agenda mundial tras la caída del bloque socialista con la Unión Soviética (el supuesto fin de la historia de Fukuyama) y el auge del Islam ( el supuesto choque de civilizaciones - geográfico - como lo entendió Huntington) como el nuevo cuco de las democracias liberales y capitalistas.
Una vez derrotados los fascismos y el comunismo de Occidente tras el fin de la guerra fría a manos de las potencias demo-liberales, éstas pretenden ahora capitalizar el planeta entero dando lugar así al nuevo orden mundial: es el mundialismo globalizante que busca uniformizar culturalmente al planeta entero bajo los parámetros consumistas y maquinistas del "american way of life".
Sin embargo estas potencias occidentales se han encontrado en el camino con un fuerte oponente que es el Islam, la religión primordial del desierto. El Islam, y me refiero al verdadero Islam y no a su facciones degeneradas ni a las tergiversaciones producidas por los medios de comunicaciones occidentales (la guerra mediática para desprestigiar al rival), constituye en la actualidad un foco de resistencia genuino e inteligente contra el mundialismo monolítico y unipolar. No en vano ha sido la última religión revelada de la humanidad, poseyendo por eso mismo una función escatológica especial, lo que significa que ha nacido con las herramientas doctrinales necesarias para hacer frente a este nuevo orden mundial consumista, hedonista y capitalista que tiene todos los signos de ser obra del mismísimo Shaytan.
http://emboscado.blog.com/2009/02/13/el-islam-despues-de-la-guerra-fria/
miércoles, 19 de septiembre de 2012
El Urizen de William Blake
¡Mirad, una sombra de horror se ha alzado
En la Eternidad! Desconocida, estéril,
Ensimismada, repulsiva: ¿qué Demonio
Ha creado este vacío abominable,
Que estremece las almas? Algunos respondieron:
"Es Urizén". Pero desconocido, abstraído,
Meditando en secreto, el poder oscuro se ocultaba.
2
Los tiempos dividió en tiempo y midió
Espacio por espacio en sus cerradas tinieblas,
Invisible, desconocido: las mutaciones surgieron
Como montañas desoladas, furiosamente destruidas
Por los vientos oscuros de las perturbaciones.
3
Porque luchó en batallas funestas
En conflictos invisibles con formas
Nacidas en su yermo desolado:
Bestia, ave, pez, serpiente y elemento,
Combustión, ráfaga, vapor y nube.
4
Sombrío, daba vueltas en silenciosa actividad,
Invisible, en medio de pasiones que atormentan;
Una actividad desconocida y horrible,
Una sombra que se contempla a sí misma
Entregada a una labor enorme.
5
Pero los Eternos contemplaron sus bosques inmensos.
Edades tras edades él yació, misterioso, desconocido,
Meditando, prisionero del abismo; todos eluden
El caos petrífico y abominable.
6
Urizén, el sombrío, preparó en silencio
Sus fríos horrores; sus legiones de truenos
Dispuestas en tenebrosas formaciones, se despliegan a través
Del mundo lógrebo, y el rumor de ruedas,
Como agitado mar, se oye en sus nubes,
En sus colinas de nieves guardadas, en sus montañas
De hielo y granito: voces de terror
Resuenan como truenos de otoño
Cuando la nube se inflama sobre la cosecha.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Azulejos Árabes
"Un arte sacro no consiste necesariamente en imágenes, aún en el más amplio sentido del término; puede no ser más, por así decirlo, que la exteriorización silenciosa de un estado contemplativo, y en este caso - o en este respecto - no refleja ideas, sino que transforma cualitativamente cuanto le rodea, haciéndolo participar de un equilibrio cuyo centro de gravedad es lo invisible. Su objeto es, sobre todo, el entorno del hombre - de aquí el lugar destacado de la arquitectura -, y su cualidad es esencialmente contemplativa. El aniconismo no desvirtúa esta cualidad; muy al contrario, pues al proscribir toda imagen que invite al hombre a fijar su atención en algo exterior así y a proyectar su alma hacia una forma "individualizadora", crea un vacío.
La proliferación en el arte musulmán de la decoración no contradice esta cualidad de vacío contemplativo; al contrario, la ornamentación con formas abstractas la realza mediante su ritmo ininterrumpido y su entrelazamiento incesante. En lugar de aprisionar la mente y conducirla a algún mundo imaginario, disuelve las "fijaciones" mentales, al igual que la contemplación de un curso de agua que fluye, de una llama o de unas hojas que el viento agita puede liberar a la conciencia de sus "ídolos" interiores.
El entrelazado árabe tiene una complejidad geométrica y una cualidad rítmica bastante escasos en su equivalente romano. Este último viene a representar una cuerda anudada, que es lo que atrae la atención; en el entrelazado árabe, por otro lado, los espacios ocupados y las zonas vacías, el dibujo de fondo, tienen un valor estrictamente equivalente y se equilibran mutuamente, al igual que las líneas siempre acaban volviendo sobre sí mismas, para que la atención jamás se detenga en un elemento específico del "decor". La continuación del entrelazado invita a la vista a seguirlo, y así la visión se transforma en experiencia rítmica, acompañada de la satisfacción intelectual que proporciona la regularidad geométrica del conjunto.
Las formas del entrelazados islámico suelen derivarse de una o varias regularidades inscritas en un círculo y luego desarrolladas según los principios del polígono estrellado, lo que significa que las proporciones inherentes a la figura fundamental se reflejan en cada etapa de su desarrollo.
Los mosaicos, con sus iridiscentes superficies fragmentadas, de cierta transparencia, confieren un algo de incorpóreo e impreciso a los muros que revisten; los azulejos cerámicos, por su parte, tan característicos del arte islámico en los siglos posteriores, precisan las superficies al tiempo que las hacen luminosas."
Titus Burckhardt
La proliferación en el arte musulmán de la decoración no contradice esta cualidad de vacío contemplativo; al contrario, la ornamentación con formas abstractas la realza mediante su ritmo ininterrumpido y su entrelazamiento incesante. En lugar de aprisionar la mente y conducirla a algún mundo imaginario, disuelve las "fijaciones" mentales, al igual que la contemplación de un curso de agua que fluye, de una llama o de unas hojas que el viento agita puede liberar a la conciencia de sus "ídolos" interiores.
El entrelazado árabe tiene una complejidad geométrica y una cualidad rítmica bastante escasos en su equivalente romano. Este último viene a representar una cuerda anudada, que es lo que atrae la atención; en el entrelazado árabe, por otro lado, los espacios ocupados y las zonas vacías, el dibujo de fondo, tienen un valor estrictamente equivalente y se equilibran mutuamente, al igual que las líneas siempre acaban volviendo sobre sí mismas, para que la atención jamás se detenga en un elemento específico del "decor". La continuación del entrelazado invita a la vista a seguirlo, y así la visión se transforma en experiencia rítmica, acompañada de la satisfacción intelectual que proporciona la regularidad geométrica del conjunto.
Las formas del entrelazados islámico suelen derivarse de una o varias regularidades inscritas en un círculo y luego desarrolladas según los principios del polígono estrellado, lo que significa que las proporciones inherentes a la figura fundamental se reflejan en cada etapa de su desarrollo.
Los mosaicos, con sus iridiscentes superficies fragmentadas, de cierta transparencia, confieren un algo de incorpóreo e impreciso a los muros que revisten; los azulejos cerámicos, por su parte, tan característicos del arte islámico en los siglos posteriores, precisan las superficies al tiempo que las hacen luminosas."
Titus Burckhardt
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Cristóbal Colón o el "portador de Moloc"
"La nefasta invasión y colonización del continente Abya Yala (las Américas) empieza con la llegada del “portador de Moloc”, es decir de Cristóbal Colon, y sus tres carabelas. Es de notar que estas carabelas portaban originariamente nombres de conocidas prostitutas del Puerto de Palos: “La Virgenzuela” o “La Niña” (alusión a su fingida virginidad); “La Pintarrajeada” o “La Pinta” (debido al porte de un espeso maquillaje) y “La Puta María” (llamada posteriormente “La Santa María”). El nombre “Cristóbal Colon” significa literalmente “Portador de Moloc”: “Cristóbal” significa “portador” y los estudios patronímicos del apellido de “Colon” concuerdan de que este era “Colom” y no “Colon” (con “m” y no con “n”). La lectura de derecha a izquierda de dicho apellido, por tratarse de un apellido de origen judío, es “moloc”: aspecto terrible de los mundos infernales."
Intisonqo Waman
domingo, 19 de agosto de 2012
El burgués: paradigma del hombre moderno
El pensador francés Alain Benoist, representante de lo que se ha denominado de modo ambiguo como la "nueva derecha", una corriente de pensamiento que entre sus principales características se encuentra la de denunciar la existencia de un "pensamiento único" inclinado hacia la izquierda y caracterizado por la corrección política, hace una descripción ontológica muy precisa del burgués como paradigma del hombre moderno. Digo ontológica y no de clase porque en efecto la burguesía es más que una mera condición social, constituye en realidad un conjunto de valores típicos que determinan una condición o estado espiritual.
Desde una perspectiva clasista no se podría entender el fenómeno en apariencia contradictorio del aburguesamiento del proletariado, cosa que paradójicamente viene sucediendo desde hace ya bastante tiempo. Es el homo economicus que tiene su referente histórico en los mercaderes y comerciantes que impulsaron la Revolución Francesa, los mismos que han implementado el reinado materialista de lo cuantitativo por sobre lo cualitativo. Como ya lo dije Max Scheler: "el burgués se define en primer lugar como un tipo biosíquico al que su deficiente vitalidad empuja al resentimiento y al egoísmo calculador".
Esta es una parte del artículo.
Esta es una parte del artículo.
* * *
Pero el espíritu burgués ya no es
lo que fue. O lo parece…
A primera vista, el burgués moderno parece, sin embargo, haber
cambiado mucho. Poco tiene que ver con el burgués chapado a la antigua de que
hablaba Benjamín Franklin: frugal, trabajador y ahorrativo. Tampoco se parece
al burgués del siglo XIX, orondo, satisfecho y henchido de convenciones. Hoy
quiere ser dinámico, deportivo, hedonista, incluso «bohemio». Lejos de evitar
los gastos superfluos, parece como dominado por una fiebre consumista que le
hace buscar constantemente nuevos artilugios y cachivaches. Lejos de intentar
morigerarse, su modo de vida, centrado en el culto del ego, está, «por así
decirlo, totalmente consagrado al placer» (Péguy). Paralelamente, también se
acentúa el repliegue en la esfera privada: cocooning, internet, fax, modem, tele-video-conferencia,
venta por correspondencia, telecompra, entregas a domicilio, sistemas interactivos,
etc. permiten mantenerse en contacto con el mundo sin implicarse en él,
encerrándose en una burbuja doméstica lo más estanca posible en la que cada
cual se convierte más o menos en la prolongación de su telemando o de su
pantalla de ordenador.
Otro fenómeno esencial de esta evolución estriba en la
generalización del crédito, que permite utilizar de forma nueva el
tiempo-mercancía: no sólo el tiempo es oro, sino que este oro se puede gastar
por anticipado; es decir, anticipando el valor del tiempo venidero. Gracias al crédito,
cada individuo puede vivir financieramente un poco más de tiempo del que vive realmente.
El burgués a la antigua abogaba por contener el gasto. El crédito incita, con
el riesgo de endeudarnos por encima de nuestras posibilidades, a gastar más de
lo que tenemos. Por ello, observa Daniel Bell que «la ética protestante fue minada
no por el modernismo, sino por el propio capitalismo. El mayor instrumento de destrucción
de la ética protestante fue la invención del crédito. Antes, para comprar, se
tenía primero que economizar. Pero con una tarjeta de crédito se pueden
satisfacer de inmediato los deseos».
Sucede simplemente que el burgués ha creado su mundo, y que
en este mundo las antiguas virtudes ya no tienen necesidad de encarnarse de
forma ejemplar en individuos: dichas virtudes se han transferido simplemente a
la sociedad global. Es esta transferencia a la sociedad lo que permite
comprender la evolución del burgués moderno. Es ahora la propia sociedad la que
tiene que ser administrada de forma racional, prudente, fiable económica y
comercialmente. Werner Sombart lo ha mostrado con claridad en el caso de la
empresa: el capitalismo moderno conserva todas las virtudes burguesas, pero las
sustrae a las personas para transferirlas a las firmas, que dejan entonces «de
ser propiedad inherente a hombres vivos, para convertirse en los principios
objetivos de la conducta económica». Ya no hace falta que el burgués sea fiable,
puesto que su empresa lo es por él. Ahora bien, las propias naciones ya no son
actualmente sino grandes firmas, dirigidas por expertos y técnicos de gestión.
Ocurre lo mismo con la «moral»: los miembros de la sociedad tienen tanta menos
necesidad de obedecer individualmente a los principios morales, cuanto que
ahora la vida política consulta a las «autoridades morales» y respeta los «derechos
del hombre». Así es como la inmoralidad puede generalizarse descaradamente en
una sociedad que, por lo demás, se afirma eminentemente «moral» en sus
aspiraciones generales. La burguesía sólo ha desaparecido como clase para ceder
su sitio a una sociedad en la que el espíritu y el hacer burgués hacen que
todos compartan las mismas pasiones y repulsiones.
Pero, en realidad, el burgués tampoco ha cambiado tanto. Cabe
determinar ciertas constantes a lo largo de las diferentes figuras que lo han caracterizado.
La ley del mínimo esfuerzo parece contradecir, es cierto, la denuncia de la
«ociosidad». Pero basta reflexionar atentamente para ver que procede del mismo
espíritu de ahorro yeficacia. En el hedonismo moderno sigue estando presente —como
ayer sucedía con el ahorro—el espíritu de cálculo y la búsqueda del mejor interés.
Se gasta más, pero se calcula igual. Se malgasta, pero no por ello se es más
proclive a la gratuidad. En suma, en todos los casos lo que se busca siempre y
ante todo es la utilidad. En todas las cosas se adopta el comportamiento del negociante
en el mercado. Se intenta maximizar el beneficio de cada cual. Lo básico sigue
siendo el individuo propietario de sí mismo, la primacía de la razón práctica,
el culto de la novedad y de la rentabilidad. Incluso si el mundo ha tomado el
lugar de las convenciones, y la notoriedad mediática el de la «consideración»,
incluso si el press-book sustituye a veces a las patentes comerciales, el burgués
sigue viviendo más que nunca en el aparentar y en el tener. Hoy más que nunca,
el burgués es quien siempre busca sacar tajada, y quien, para legitimar su
conducta, se ha dedicado a persuadir a la humanidad de que su forma de ser es
la más normal y natural que se pueda imaginar. Hoy más que nunca el burgués es
la excepción que se toma por la norma, lo particular que se presenta como lo
universal. Hoy más que nunca le son radicalmente ajenos el gusto por lo inútil,
la gratuidad, el sentido del gesto, el gusto por el don; en suma, todo lo que podría
dar a la presencia en el mundo una significación que sobrepasara la mera
existencia individual.
«Lo que caracteriza el espíritu del burgués actual —escribe
también Werne Sombart— es su completa indiferencia ante el problema del destino
del hombre. El hombre ha quedado casi totalmente eliminado de la tabla de
valores económicos y del campo de los intereses económicos: lo único que aún despierta
interés es el proceso, ya sea el de la producción, el de los transportes, o el
de la formación de los precios, etc. Fiat productio et pereat homo!» Cabe agregar a ello las palabras
proféticas de Emmanuel Berl: «Tiempos de los últimos hombres, que temía
Nietzsche. El imperialismo norteamericano triunfará en la guerra sin
luchar; el aburguesamiento del proletariado resolverá la lucha de clases».
Cabe interrogarse sobre lo que, en la posmodernidad, podría
anunciar el final de los tiempos burgueses, así como sobre las contradicciones
que afectan, en la actualidad, a un campo social cuya homogeneidad aparente se
mantiene preñada de potenciales fracturas. Así, por ejemplo, asistimos ya a la
desconexión de un amplio sector de las clases medias y de la gran burguesía financiera,
desconexión que representa la ruptura de este «bloque hegemónico» que, durante décadas,
había asociado el nombre de la pequeña burguesía al auge de un capitalismo
«nacional» actualmente en vías de desaparición. La mundialización de la
economía, el desarrollo y la creciente concentración de las redes tecnológicas
y mediáticas, la velocidad misma de esta evolución en un contexto caracterizado
por el desempleo y la amenaza de crisis, hacen que las clases medias vivan de
nuevo con inquietud e inseguridad, con miedo del futuro, incluso con un
sentimiento de pánico ante el riesgo de regresión social que esta evolución les
pudiera acarrear. De ello se deriva que un creciente número de miembros de las
clases medias se sienten superados y «proletarizados», hasta el punto de que lo
que constituía antaño una garantía de mantenimiento del orden social se
convierte en factor de fragilización.
En el curso de su historia, la burguesía ha sido criticada
tanto desde arriba como desde abajo: tanto por la aristocracia como por el
pueblo. Como ya dijimos, resulta reveladora esta convergencia de críticas, por
lo demás bastante distintas. Pero lo que, quizás, no se ha observado bastante
es que, en el sistema trifuncional de los orígenes, tal como lo restituyó
Georges Dumézil, la burguesía no corresponde estrictamente a nada. Parece, es cierto,
vincularse a la tercera función, la económica, la del pueblo productor. Pero,
al respecto, sólo es como una excrecencia mercantil que, constituyéndose fuera
del sistema tripartito, se ha dilatado progresivamente hasta dislocar por
completo este sistema e invadir la totalidad de lo social: la historia de los
últimos ocho o diez siglos muestra cómo la burguesía, que al comienzo no era
nada, ha acabado llegándolo a ser todo. Se la podría entonces definir como la
clase que ha separado al pueblo y a la aristocracia; la que ha cortado los
lazos que hacían que ambas fueran complementarias; la clase que tan frecuentemente
ha alzado la una frente a la otra. Sería de tal modo la clase «media» en el
sentido más hondo del término, la clase intermediaria. Edouard Berth lo
afirmaba en estos términos: «Sólo hay dos noblezas: la de la espada y la del trabajo.
El burgués, el hombre de la tienda, del negocio, del banco, de la especulación
y de la bolsa, el mercader, el intermediario; y su compadre, el intelectual,
intermediario también, ajenos ambos tanto al mundo del ejército como al del
trabajo, están condenados a una irremediable simpleza de pensamiento y de
corazón». Quizás, para salir de esta simpleza, fuera preciso restaurar
simultáneamente a la aristocracia y al pueblo.
sábado, 18 de agosto de 2012
La descomposición de la moneda o el Reino de Mammón
Cuelgo la última parte de un artículo muy interesante
"La descomposición de la moneda o el Reino de Mammón" escrito por
Francisco de la Torre y publicado en la revista tradicional "Letra y
Espíritu".
Un análisis profundo sobre el objeto final del capitalismo: la
financiarización de la economía. Esto significa "la reversión ontológica completa del concepto de economía, al dar la primacía al aspecto especulativo financiero en detrimento de la economía real y, además, por la traslación de las decisiones políticas y económicas de los pueblos a la élite financiera mundial". Es la Alta finanza y su red de influencia supranacional la que como un poderoso instrumento social oculto controla el destino de la humanidad entera consolidando así el reino del anticristo. Todo esto llevado a cabo en paralelo con el papel ambiguo que juegan las redes sociales y el ciberespacio, las que según un reconocido tradicionalista son el "lugar" propicio para la interacción de los jinns (duendes-demonios) con los humanos. Son los signos de los tiempos que nos anuncian el pronto final de una era, ciclo o civilización.. moderna!
* * *
Preámbulo a la instalación del reino del anticristo
Una de las
principales consecuencias del dominio de la Finanza es la aceleración y
profundización de las lógicas mercantiles mediante la búsqueda permanente del
beneficio inmediato, que se canalizan fácilmente por la capacidad para realizar
las transacciones monetarias en tiempo real gracias a un macrosistema
tecnofinanciero, que se caracteriza por ser una red mundial computerizada, un espacio
abstracto, virtual, sin control y desconectado de las habituales relaciones
internacionales.
Y es a través de
esta especie de agujero negro tecnotrónico, que engulle todas la riquezas de
las naciones, por el que la Finanza ha logrado conquistar la preeminencia en el
mundo y hacer manifiesta la carga disolvente que lleva en sí. Para conseguir
esa desorbitada concentración de poder, intensificó el proceso de
desterritorialización de los mercados y cooperó, conjuntamente con otros
procesos, para la disgregación de los estados-nación y los lazos comunitarios
existentes en su interior.
Tanta es la
energía disolvente concentrada por la Finanza, que los principales teóricos del
ciberespacio o de la cibereconomía han llegado al punto extremo de plantear que
en el futuro, todo lo creado por el ser humano debe converger en estos espacios
virtuales; es decir, vemos concomitantemente con el auge de los flujos
financieros, el surgimiento de fantasías tenebrosas sobre una anunciada
desaparición del típico capitalismo industrial y el nacimiento de una era
post-industrial basada en la informática, en la desmaterialización de la
producción y de la riqueza. Lo fundamental es percibir que detrás de todos los
esquemas actuales conducidos por el Establishment, predomina siempre un ánimo
oscuro, sin rostro, disolvente y, nos atreveríamos a decir, preternatural,
similar a ese humo de Satanás de montiniana memoria, muy acorde con las
influencias que canalizan los representantes de ese nomadismo desviado
referidos anteriormente.
¿No tendrían
razón los teólogos medievales cuando decían que la usura es el peor de los
pecados, ya que es el único que no duerme, que nunca descansa y aumenta sin
cesar? Sin tener detrás un acto creativo, un esfuerzo compensador, la usura
produce dinero indefinidamente y llega hasta a apropiarse del tiempo, que es un
don de Dios: “El dinero sintetiza los tiempos particulares en el tiempo social
abstracto, estableciéndose como el único denominador universalmente aceptado.
Si antes la síntesis social se generó a través de la ética, los rituales
sagrados y el poder, ahora el dinero a escala mundial funciona como único
sintetizador sistémico. Mientras el tiempo tradicional se construyó alrededor
de ritmos orgánicos, el tiempo moderno se organiza mediante la segmentación
matemática y el interés monetario, pues es la tasa de interés la que vincula el
pasado con el presente y el futuro, y en el movimiento del capital financiero
internacional culmina la síntesis social. El trabajo individual (o nacional)
que no se subordine a esa lógica, está condenado a desaparecer. En un mundo
desencantado, la tasa de interés tiende a ser el único hilo real, que vincula
el pasado de la sociedad con su futuro.”
Esta apropiación
de la concepción del tiempo por parte de la tasa de interés, es debida a que el
dinero, a fin de cuentas, es una promesa de pago, y por ende, ligado al tiempo,
y más que todo al futuro, que es el que le hace crecer por medio del interés.
Esta confianza en el dinero se traduce en confianza en el futuro, de ahí la
importancia de la racionalización de lo existente, que es el proceso mental por
el cual se capta como lo único real lo que es cuantificable, es decir, que lo
que no se puede medir ya no cuenta, es algo abstracto o una simple realidad parcial;
de esta manera, se ha logrado reducir la circulación de todas las cosas al
movimiento indefinido del dinero.
Esta separación de
toda la realidad que nos rodea, como por ejemplo el entorno cultural o las
relaciones sociales, que según el punto de vista económico vigente son simples
abstracciones, sólo tomaría sustancia si se las puede vincular con el dinero.
Éste se ha convertido en el rey de la creación, el que decide lo que debe o no
debe existir, y llega al punto de acaparar hasta la concepción del tiempo. Aquí
está el verdadero triunfo del mundo moderno: el haber rebajado al tiempo a una
concepción lineal y exclusivamente vinculada a la acumulación rentística.
Por eso los bancos
se han convertido en los templos modernos donde el tiempo sagrado, que es el
que vinculaba lo temporal con lo trascendente, ha sido caricaturizado y
suplantado por el funcionamiento indefinido de todas sus terminales
financieras, en las cuales el sol nunca se pone, ya que las cotizaciones de
Nueva York se suceden al hilo de los husos horarios de las de Tokio o Hong
Kong, luego las de Frankfurt, Londres, París, etc., especulando las 24 horas
del día.
Los tiempos están
maduros: un signo revelador es la decadencia del dólar y los trastornos o
desordenes que acarrearía a nivel mundial su desaparición. No sabemos si la
moneda norteamericana logrará sostenerse o si será la última divisa clave
mundial, o si la suplantará otra o la reunión de varias de las potencias
emergentes; pero lo que sí se advierte es que la situación actual es un caos
programado y se ajusta perfectamente con los preámbulos de lo transmitido por
la Revelación de San Juan sobre la intromisión de una moneda por parte del
Anticristo en su efímero reinado, con las características de la moneda tradicional,
pero esta vez cargada de influencias satánicas, como explicó Guénon: “La moneda
misma, o lo que la sustituya, cobrará de nuevo un carácter cualitativo de esta
forma, ya que ha sido dicho que «sólo podrá com prar o vender aquel que posea
el emblema o el nombre de la Bestia o el número de su nombre» (Apocalipsis,
XIII, 17), lo cual, a este respecto, implica una utilización efectiva de los
símbolos invertidos de la «contratradición».” Reflexionando sobre los sucesos
evangélicos descritos por San Mateo, cuando Cristo expulsa a los cambistas del
Templo, o sobre la traición de Judas a cambio de las 30 monedas de plata
-entregadas por las autoridades religiosas de ese entonces- notamos que ya las
fuerzas del Enemigo del Hombre han conseguido por fin nuevamente convertir a
los bancos en templos, es decir, invertir la renovación operada por el Señor a
través de su sacrificio. Y porque quieren implantar un reordenamiento
planetario, donde urge la presencia de una verdadera Autoridad política
mundial, como sorprendentemente acaba de solicitar en su última Encíclica,
Benedicto XVI, que nos dirige directamente a las prevenciones de Guénon
sobre el nivel de infiltración en la Iglesia católica, lo cual tampoco es un
signo tranquilizador.
Queremos que las
palabras de otro gran autor tradicional, que bebió de las fuentes sagradas
–tanto de Oriente como de Occidente-, nos ayuden a iluminar la senda por donde
recuperar el Orden y la Justicia, entenebrecidas por los adoradores de Mammón:
“El trabajo que debe hacerse es en primer lugar de purgación, para echar a los
cambistas de dinero, a todos los que desean poder y oficio, y a todos los
representantes de intereses especiales; y en segundo lugar, cuando la ciudad ha
sido «limpiada», el trabajo que ha de hacerse es de imitación considerada de
las formas de la justicia, de la belleza y de la sabiduría naturales, amén de
otras virtudes cívicas; entre las cuales hemos considerado aquí la justicia, o
como se traduce comúnmente la palabra dikaiosyne en los contextos cristianos,
la rectitud.”
La tarea es
heroica, pero en estos tiempos llenos de confusión y degeneración ¿aparecerán
líderes que enfrenten y derroten a los cambistas posmodernos? Y si se
manifiestan ¿los reconoceremos?, ¿los seguiremos?
La solución no
está simplemente en proponer una nueva doctrina económica o en implementar un
orden internacional monetario acorde con las necesidades del planeta, sino en
ir más allá de la modernidad y reencontrar el Centro perdido, ocultado por la
acción de siglos de materialismo en este Occidente que, al rechazar la
auténtica Tradición, rompió el lazo por el cual el ser humano alcanzaba su
verdadera dignidad.
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