domingo, 24 de julio de 2011

El pueblo Rrom, los Gitanos

Joaquin Albacin es un escritor que pertenece por línea materna a un linaje gitano y ha escrito una obra que se titula “En pos del sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda” en donde intenta explicar los misteriosos orígenes de su pueblo. Para ello divide su obra en tres partes: la de la historia, la del mito y la de la leyenda. 

Siendo el escritor gitano-español un seguidor de la perspectiva tradicional contemporánea, aquella inaugurada - indirectamente - por el ilustre Rene Guenon, se entenderá porqué lo más sustancioso de su trabajo reside en los capítulos que versan sobre los mitos y leyendas de su pueblo, aunque lo histórico no deje tampoco de ser harto interesante por su rigor erudito y amplia documentación.

Dentro de los varios datos reveladores que encontramos en su obra, como por ejemplo el verdadero origen sagrado del baile flamenco vinculado a los mudras hindúes y a estilos de baile como el bharata natyam o el kathak, o la posibilidad de que su pueblo (junto con otras dos ramas más del pueblo tártaro) haya tenido como patria primordial el “centro subterráneo” del mundo, aquel denominado por las diversas tradiciones como Preste del Juan, Salem, Shambala o Agarttha, el que más nos ha sorprendido ha sido el que los emparenta con la raza roja drávida de la India y los convierte en fieles seguidores del Dios Shiva. 

Se ha encontrado que algunas zíngaras de Rusia y los Balcanes llevaban collares con el amuleto de un lingam y yoni reunidos, símbolo por excelencia del culto shivaíta.

Es un error común de la historiografía moderna - que ha sido ya subsanado y corregido por las múltiples evidencias nuevas aparecidas - atribuir al pueblo de los Rrom orígenes egipcios (de donde la voz en inglés gypsies y en español gitano, por lo de egipcio o egiptano), y esto principalmente porque los primeros caravanserrallos zíngaros que llegaron a Europa por Grecia declararon - por propia ignorancia y olvido - ser oriundos del Egipto Menor o Pequeño Egipto. 

La verdad es que que los gitanos o pueblo de Rrom poseen sangre india y que son descendientes de los clanes kshatriyas (casta guerrera de nobleza y aristocracia) del Penjab, Haryana, Rajasthan y más. Un linaje de guerreros arios que (la palabra "ario" del sánscrito "arya" hace referencia a los "dos veces nacidos" de las tres primeras castas y no a una "raza aria blanca" como han inventado los orientalistas europeos y los ocultistas del nazismo), antes de someterse al yugo de los musulmanes cuando éstos invadieron el norte de la India entre los siglos XI y XIII, prefirieron marcharse al exilio y emigrar hacia las tierras donde el sol se pone afrontando un destino incierto. 

“Las mujeres, enjoyadas, se echaron los hijos a las caderas y, con la cabeza alta y el gesto imperturbable y orgulloso, siguieron a sus maridos para compartir el destino de los héroes. Muchas familias procedentes de toda la sociedad penjabi, admiradas ante el ejemplo de los bravos rajput, se habrían unido con sus pertenencias a la majestuosa caravana, y ayudado a empujar los carros con que forzó ésta los pasos montañosos del Afghanistán. Cada noche, después de haber trepado a inexpugnables aguileras, burlado a las patrullas muslimitas y soportado estoicamente la inclemencia del sol, la caravana se detendría, se encenderían los fuegos y se cantaría y bailaría. Al día siguiente, con el alba, se pondrían otra vez en marcha aquellos valientes enamorados de la libertad a los que, siglos después, llamaría Chaman Lal “los hijos olvidados de la India!" 

El nombre que decidió adoptar este pueblo nómade como título de su clan - antes que el de gitano, que fue atribuido por los europeos - fue el de Rromane Chave o Rrom, cuyo origen deriva de los hijos de Rama, rey kshatriya anterior al ciclo de Krishna que gobernó el pueblo indio de Pendjan y que, al igual que ellos, también sufrió el exilio. 


También está la leyenda que el ginatólogo galo Fleury recoge de boca de unos ancianos zíngaros y que asevera que los gitanos son "descendientes de un legendario pueblo cuya cuna era la India, los Gondh-Sindhus, una rama de los cuales, en un pretérito muy distante en el tiempo, se habría echado a camino en dirección al Oeste. A su paso por el Oriente Medio se hicieron diestros en el arte de la doma de caballos, y, como eran ricos en piedras preciosas, pudieron adquirir bestias que apecharon con el peso de sus bagaje, formar caravanas y llegar hasta Caldea, donde la población autóctona les recibió bien, especialmente por su excelencia como templadores de metal". 

La etimología de estas dos palabras harían referencia histórica a los habitantes de las riberas del Guijon (Gondh) y el Sindh (Sindhus) que bañan la región de Multan situada en el norte del Pendjab. 

La leyenda que hace de los gitanos personas especialmente dotadas para la clarividencia y la adivinación, ya sea a través de la lectura del porvenir con los naipes o con las líneas de las manos, aparte del hecho histórico de que en la India esas ciencias tradicionales sean consideradas normales y tomadas como superiores a las ciencias profanas y cuantitativas, la leyenda, decíamos, indica que estas ciencias arcádicas y misteriosas le fueron otorgadas al gitano durante su estadía en el centro subterráneo del Agharti. 

El viajero Ferdinand Ossendowsky, en su obra Bestias, hombres y dioses en la que relata sus aventuras a través de Mongolia y las fronteras del Tibet durante 1921 y 1922, cuenta que el bibliotecario del propio buda viviente le confidencio que: “Ciertas tribus negras del Este se internaron también en Agharti y allí estuvieron varios siglos. Más tarde fueron expulsados del reino y regresaron a la faz del planeta poseedoras del misterio de los augurios según los naipes, las hierbas y las líneas de la mano. De estas tribus proceden los gitanos”. 

Uno de los nombres con que se conoce a una rama particular de los gitanos es el de Kalé, que significa "negro", y las tribus negras del Este que menciona en su obra harían referencia - y en esto Albaicin sigue a Guenon - no tanto al color de la piel como al sentido superior que el simbolismo tradicional otorga al color negro: "en un sentido superior, el color negro simboliza esnecialmente el nombre de "Krishna", "negro", por oposición al de "Arjuna", que significa "blanco", representando el uno y el otro, respectivamente, lo no-manifestado y lo manifestado, lo inmortal y lo mortal, el Sí Mismo y el yo". 

A este simbolismo en sentido superior haría referencia la autodenominación como "pueblo negro" de los chinos (li-min), caldeos (nishi slmat kakkadi) y egipcios (kemi, la tierra negra de Egipto), pueblos que "se consideran a sí mismos como ocupantes de una situación "central"; es muy conocida, en particular, la designación de China como "Reino del Centro" (Chung-kuo), así como el hecho de que Egipto era asimilado por sus habitantes al "Centro del Mundo". 

Se ha dicho también, ya para terminar, que el gitano es El Loco del Tarot, la lectura que lo identifica con El Mago (bateuleur significa bufón), que protege su labor bajo el disfraz de hombre errante y saltimbanqui, es decir, de gitano, hombre que trata con caballos y otros animales que llevan cascabeles (adorno también de bufones, cuya función no era otra que decir la verdad con fórmulas presuntamente jocosas y burlonas). Es el Loco que tiene perfecta conciencia de su pérdida y del camino que debe recorrer para reintegrarse al estado primordial. 

La presente obra, como decía al comienzo, esta repleta de datos tradicionales e históricos muy interesantes que echan luces sobre los oscuros orígenes del pueblo nómade de Rrom. A continuación copio un par de párrafos muy ilustrativos y reveladores que muestran al pueblo gitano como un claro exponente de la rama shivaíta hindú:  

“Decíamos que, a partir del sexto milenio de Cristo, extendieron los drávidas por la India, Oriente Próximo y Europa su religión de la naturaleza y el éxtasis, el shivaísmo. Esto es patente en todas las áreas geográficas ocupadas por culturas coetáneas de la drávida de la simbología particular de esta. El toro, el carnero, la serpiente, la Dama de la Montaña, el laberinto, el hacha doble, la swastika, la danza extática, el falo, son adorados y empleados como instrumentos de meditación por todos los antiguos desde el Ganges al Guardiana lusitano. Este clima espiritual – mandalas, sahumerios, bailes y sexo ritualizados, ofrendas y yoguis – reinante en el valle del Indo en los días de la civilización drávida sugerirá al occidental mucho sobre la pertenencia original del gitano que conoce – de los antepasados del gitano que conoce – a ese mundo. Argumenta atinadamente Daniélou cuando dice que el shivaísmo puede ser oriundo o no de la India (los griegos hablan de la misión de Dionisos en India, y los indios de la extensión del shivaísmo hacia Occidente), pero es, en cualquier caso, en India donde se ha mantenido vivo sin irrupción hasta el día de hoy. Que procediese, como parece lógico, de la patria de origen de los drávidas que el mar se tragó, nada sustancialmente nuevo ni decisivo se aportaría a nuestra investigación”.


“La antigua devoción por Shiva del gitano, además de la circunstancia de que continúe siendo la deidad favorita del nómade indio, transparece en la misma significación y sentido que a nuestra vida los Rroma conferimos. El gitano, como Dionisos – el Shiva grecoegipcio -, se embriaga cantando, bailando y bebiendo: busca a través del arte y de la fiesta – más allá del mero placer estético y carnal – el éxtasis, la comunión con lo divino, el retorno siquiera sea momentáneo al estado paradisíaco que lo orgiástico representa. La fascinación que cada movimiento integrado en el baile gitano produce en el occidental no reside sino en su condición en el origen de mudra, es decir: postura o gesto lleno de contenido simbólico, perfectamente identificable en el Natya Sastra y otros códices shivaítas y de danza, que coloca al hombre en un estado especialmente receptivo a las manifestaciones de lo sobrenatural. Y, si se siente ese mismo hombre blanco conmovido por el dramatismo del cante por seguiriyas de los gitanos de España, es por una razón similar: porque – aunque su mismo intérprete lo ignore – se trata de una antigua fórmula de invocación a la divinidad, de un mantra o símbolo sonoro". 
   




     

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